El sacerdote italiano Benigno Palilla, exorcista de la arquidiócesis de Palermo y maestro de exorcistas en Sicilia, contó durante un curso, al que asistieron 44 exorcistas el pasado mes de febrero, el siguiente caso:

María, una mujer casada y madre de tres hijos, que vive y trabaja como empleada en una tienda en Sicilia, estuvo poseída durante cinco años por un demonio que atormentaba su alma y hería su cuerpo.

Sin embargo, «aunque poseída, María asistía constantemente a nuestra pequeña iglesia de San Isidro de Palermo. Era un tormento escuchar al diablo hablar a través de ella durante las celebraciones: maldecía a los presentes y al sacerdote que presidía la Misa» además «interfirió en la homilía y gritó ante Jesús Eucaristía».

«En los momentos más turbulentos ella fue llevada a otra sala, pero las maldiciones llegaron a los oídos de los que rezaban».

Además el corazón de ella se había llenado «de un profundo e injustificado odio hacia su esposo y sus hijos».

Ello formaba parte de su sufrimiento espiritual, pero el demonio le hacía experimentar también un enorme dolor físico, especialmente durante los exorcismos. María le describía al sacerdote exorcista que «sentía golpes terribles como si fueran puñaladas» y que «a menudo, el abdomen se hinchaba de manera desproporcionada».

Ella, sin embargo, nunca dejó de asistir a Misa y de pedir ayuda a la Iglesia. Entonces llegó la Semana Santa de 2017. Durante los oficios del Jueves Santo, estando la posesa en el templo, el padre guardián pidió a los fieles que participaban en la Misa que ofrecieran el ayuno del Viernes Santo por una sola intención: la liberación de María.

Los feligreses aceptaron la súplica y procedieron a ayunar. Dice fray Benigno que «los sufrimientos de ella y de su familia quedaron muy claros para todos; la conocían, la entendieron y la miraron con piedad». Hasta enfermos y niños se quisieron unir al ayuno para ayudar a María.

La respuesta de la comunidad fue tal que el diablo quedó completamente debilitado, a sólo instantes de la derrota.

Entonces, durante los oficios del Viernes Santo, «mientras estábamos en oración, María estaba al margen, una vez más bajo el yugo del demonio».

«Pero en cierto punto de la liturgia de la adoración a la Cruz, desde la sala en la que se encontraba, escuchamos que, por primera vez en cinco años, en voz alta ella pudo alabar al Señor».

El padre Benigno fue a buscarla y le pidió que fuera a adorar el misterio de la Cruz con toda la asamblea. «Caminábamos juntos frente a los ojos asombrados de los presentes. Cuando llegué a la Cruz, la invité a besarla, como preveía la liturgia de aquel día. Ella se inclinó, la abrazó e inmediatamente rompió a llorar y con ella toda la asamblea».

El padre Benigno Palilla dice que contra un enemigo tan poderoso como el diablo hay tres armas que Jesús dejó al hombre: la fe, la oración y el ayuno. Y las tres fueron utilizadas por los feligreses de aquella comunidad cristiana el Viernes Santo de 2017 en favor de María, que fue liberada por el poder de la Pasión de Jesucristo.

TEMA DE LA SEMANA: LA DOLOROSA PASIÓN DE JESÚS

Publicado en la edición impresa de El Observador del 25 de marzo de 2018 No.1185