Pablo VI heredó de su antecesor, Juan XXIII, un concilio ecuménico inconcluso —el Vaticano II— y, por tanto, la tarea de concluirlo y de poner en marcha lo que se desprendiera de éste.

Sin embargo, no fue tarea fácil. Pablo VI dijo el 18 de noviembre de 1965, a días del cierre del Concilio, que en éste «todo se convirtió en discutido y discutible, todo apareció difícil y complejo, todo se intentó someter a la crítica y a la impaciencia de las novedades; aparecieron inquietudes, corrientes, temores, audacias, arbitrios; la duda apareció aquí y allá incluso en los cánones de la verdad y de la autoridad».

Siete años después, el 29 de junio de 1972, en una homilía Pablo VI dijo: «Se diría que a través de alguna grieta ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios. Hay dudas, incertidumbre, problemática, inquietud, insatisfacción, confrontación… Se creía que después del Concilio vendría un día de sol para la historia de la Iglesia. Por el contrario, ha venido un día de nubes, de tempestad, de oscuridad».

Joseph Ratzinger, futuro Benedicto XVI, tras las dos primeras décadas postconciliares diría: «Resulta incontestable que los últimos veinte años han sido decisivamente desfavorables para la Iglesia católica». Más tarde explicaría que el problema del concilio Vaticano II «estriba en muchas de las interpretaciones que se han dado de aquellos documentos».

Pues bien, dichas interpretaciones ocasionaron, entre otras cosas, el abandono del sacerdocio ministerial por parte de decenas de miles de presbíteros, el abundante cierre de conventos porque monjas y monjes quisieron volver a la vida secular, el desplome de vocaciones a la vida consagrada, el alejamiento de la práctica religiosa de millones de fieles, la introducción de multitud de abusos litúrgicos, el ingreso furtivo del marxismo en la Iglesia a través de la llamada teología latinoamericana, y el inicio del reclamo por parte de mujeres católicas del supuesto derecho a ser sacerdotisas o bien de usar anticonceptivos.

Pablo VI lloraba al ver el estado de la Iglesia y sus últimos años se convirtieron en un martirio de sufrimientos.

TEMA DE LA SEMANA: AQUEL OCTUBRE DE 1978

Publicado en la edición impresa de El Observador del 20 de octubre de 2019 No.1267