Por Alejandra Hoyos

Caminando con mi perra Runa, descubrí un nuevo camino; un sendero que nos llevó a una presa entre las montañas.

Estar en ese espacio de naturaleza, en el que sólo estábamos mi perra y yo, fue mágico. Me hizo recordar lo importante que es prestar atención, como diría Elsa Punset, saborear esos momentos placenteros y agradables de la vida con plena consciencia; así como recordar que yo soy responsable de procurarme experiencias placenteras: una caminata, un paisaje, una lectura y una plática significativa.

Bisquerra y Punset alegan que la felicidad es más consecuencia de una actitud interior que de las circunstancias externas. Hablan de la felicidad como un sentimiento o un fenómeno afectivo y no sólo una emoción.

Y qué es cuestión de grado, es decir en qué grado estás siendo feliz. Es un sentimiento más duradero en el tiempo. También es interesante la explicación que dan en El universo de emociones sobre elegir para su clasificación una galaxia para felicidad, amor y alegría. Bisquerra y Punset proponen un equilibrio emocional de las tres galaxias positivas, que sean placenteras, y tres negativas, en las que haya ausencia de placer.

Y no se quedan sólo en eso, sino que proponen que, por cada emoción negativa, se busque experimentar tres positivas. Por ejemplo, con mi hija Elisa enfocarme en reconocer actitudes positivas en ella y en experimentar emociones placenteras: jugar con ella, disfrutar de un paseo en el parque, hacer de lo cotidiano algo extraordinario. Por cada emoción negativa, buscar tres positivas para que se quede grabada la sensación de felicidad en su cerebro.

En un vídeo de Elsa Punset explican que dos terceras partes de las neuronas de la amígdala se encargan de registrar emociones negativas y guardarlas en la memoria a largo plazo. Es decir, nos cuesta olvidar más las situaciones en las que experimentamos una emoción negativa. Y para guardar una emoción positiva tenemos que registrarla por más de 12 segundos. Elsa Punset también habla de una encuesta realizada por Martin Seligman, fundador de la psicología positiva, quien se cuestionó si las personas más felices son así porque les pasan más cosas positivas en su vida. En un grupo de 200 personas descubrió que el 10% que decía ser muy feliz comparado con el 10 % que decía ser muy infeliz y los que estaban en los grados de en medio no tenían más experiencias objetivamente mejores que los otros. Entonces, lo interesante está en que las personas que decían ser muy felices habían desarrollado la habilidad de prestar atención a las cosas positivas que les pasan y no en las cosas negativas que les suceden.

La estrategia que te invito a seguir en lo cotidiano, para experimentar mayor grado de felicidad, es el siguiente:

Centra tu atención en lo positivo. Reconoce tres actitudes positivas por cada negativa en ti, en tu pareja, tus hijos y todos los que te rodean.

Identifica qué experiencias y/o actividades te llevan a experimentar más momentos de felicidad y procura buscar esos espacios para ti y en familia.

Saborea los instantes de felicidad, de gozo, de éxtasis. Es decir, toma consciencia plena de éstos a través de los sentidos, de estar en el aquí y ahora. Buscando eternizar esas vivencias en tu memoria.

Quizá al final del día lo importante es la actitud con que vivimos y lo significativa que hacemos nuestra vida, agradeciendo y encontrando un propósito aun en los momentos de crisis.

¡A saborear la vida!

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Publicado en la edición impresa de El Observador del 13 de octubre de 2019 No.1266