Este es el último domingo del año litúrgico, festividad de Jesucristo Rey del Universo. La Iglesia tributa adoración, alabanza y acción de gracias a Dios a través de cada una de las conmemoraciones litúrgicas; pero, al mismo tiempo, éstas son fuentes de bendición para los fieles. Por eso el Papa Pío XI explicó en su encíclica Quas Primas:

«Estas festividades fueron instituidas una tras otra en el transcurso de los siglos, conforme lo iban pidiendo la necesidad y utilidad del pueblo cristiano, esto es, cuando hacía falta robustecerlo contra un peligro común, o defenderlo contra los insidiosos errores de la herejía, o animarlo y encenderlo con mayor frecuencia para que conociese y venerase con mayor devoción algún misterio de la fe, o algún beneficio de la divina bondad».

La gran peste actual

Pues bien, este mismo Papa instituyó en 1925 la fiesta de Cristo Rey como «un remedio eficacísimo a la peste que infesta la humana sociedad». Y explicó: «Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo».

El laicismo es esa corriente ideológica que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y especialmente de los gobiernos, de toda influencia religiosa o eclesiástica. En pocas palabras, como diría Juan Pablo II, «es el intento de separar la fe de la vida».

El santo Papa polaco explicaba que una correcta «separación entre la esfera civil y la religiosa permite a estos sectores ejercer eficazmente las responsabilidad propias, con respeto mutuo»; de este modo, «la Iglesia y el Estado no son rivales, sino socios». Pero, por desgracia, esto no ocurre, sino que «la religión es relegada a la esfera privada».

Una sociedad sin Cristo

Pío XI denunció que el laicismo «no maduró en un solo día», sino que se siguieron estos pasos:

«Se comenzó por negar el imperio de Cristo sobre todas las gentes; se negó a la Iglesia el derecho de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después la religión cristiana fue igualada con las demás religiones Se la sometió luego al poder civil,, y algunos imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión en la impiedad y en el desprecio de Dios».

La fiesta de Cristo Rey

La fiesta de Cristo Rey surgió entonces con vista a impulsar «a la sociedad a volverse a nuestro amadísimo Salvador», pues, advirtió clarísimamente el Papa Pío XI:

«Erraría gravemente el que arrebatase a Cristo Hombre el poder sobre todas las cosas temporales, puesto que Él ha recibido del Padre un derecho absoluto sobre todas las cosas creadas››.

Efectivamente, el Nuevo Testamento enseña que la soberanía de Cristo sobre toda la creación se cumple ya en el tiempo, si bien alcanzará su plenitud definitiva en su Segunda Venida: «Cristo Jesús, juez de vivos y muertos, que ha de venir y reinar» (II Tim 4, 1).

La fiesta de hoy es, por tanto, como un adelanto de la Segunda Venida, el glorioso retorno de Cristo en poder y majestad, tiempo en el que ninguna sociedad o individuo podrá escapar de los justos designios de quien es «Rey de reyes y Señor de señores» (Ap 19, 16).

Por si aún quedara alguna duda, el Apocalipsis también señala que el Cordero, es decir, Cristo, es «Rey de las naciones» (Ap 15, 3), y anuncia que, efectivamente, «todas las naciones vendrán y se postrarán ante Ti» (Ap 15, 4).

El Reino de Cristo está ya presente misteriosamente en la Tierra, como Él mismo respondió a los fariseos: «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: ‘Vedlo aquí o allá’, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros» (Lc 17, 20-21). Y cuando el Señor retorne, su Reino será pleno y visible.

Por tanto, pretender construir hoy una sociedad sin el reinado de Cristo es un error. Es caer en idéntico error que aquellos que se burlaron de Jesús cuando estaba crucificado (cfr. Lc 23, 35-43), y de los cuales Benedicto XVI dijo:

«Lo escarnecen, pero es también un modo de disculparse, como si dijeran: no es culpa nuestra si Tú estás ahí en la cruz; es sólo culpa tuya, porque, si Tú fueras realmente el Hijo de Dios, el Rey de los judíos, no estarías ahí, sino que Te salvarías bajando de ese patíbulo infame. Por tanto, si Te quedas ahí, quiere decir que Tú estás equivocado y nosotros tenemos razón».

D. R. G. B.

TEMA DE LA SEMANA: EL FIN DEL CALENDARIO LITÚRGICO: CRISTO REY

Publicado en la edición impresa de El Observador del 24 de noviembre de 2019 No.1272