El sacerdote Luis Montes nació en una provincia de Buenos Aires. Al cumplir sus 18 años se inscribió en la universidad. Deseaba ser abogado, pero por los paros y las huelgas las clases no comenzaron. Entonces, bajo la persuasión e insistencia de su padre, decidió realizar algunos ejercicios espirituales en la Congregación del Verbo Encarnado, misma que es ahora su Congregación. Uno de sus hermanos era seminarista. Los ejercicios fueron ignacianos y eran sólo por el periodo de Semana Santa. El padre Luis estaba convencido de sólo querer agradar los deseos de su padre y luego ser abogado. Sin embargo, encontró el llamado al sacerdocio de una forma práctica, segura y sin dar paso atrás. Desde la Congregación sólo llamó por teléfono a casa para notificarles que no sería abogado sino sacerdote y discípulo de Cristo. En sus propias palabras explica que su familia no le creía, y fue en la provincia de San Rafael Mendoza donde se transformó en un sacerdote misionero.

Por Mary Velázquez Dorantes

¿Qué significa llevar el Evangelio en Iraq?

▶ Estuve en Tierra Santa casi siete años, pasé a Jordania, pero al año fui a Egipto y me quedé seis años más. Cuando terminé en el 2010 me preguntaron si deseaba ir a Iraq porque hacía falta un sacerdote para ese lugar y sabían del amor que le tengo al pueblo iraquí, así que con todo gusto acepté y heme aquí. Estuve varios años como párroco de la Catedral de Bagdad, de rito latino; después ayudé temporalmente en el seminario de rito Caldeo, que es el rito católico más numeroso en Iraq, como director espiritual.

Un año después volví a Bagdad, y me dediqué a ayudar a los refugiados que huyeron del norte cuando Isis invadió la región. Sin embargo, una vez que los contextualizo sobre mis cargos quiero explicar que predicar el Evangelio en Iraq tiene una particularidad, una particularidad en todo Medio Oriente, y es que el cristianismo es una minoría dentro una mayoría musulmana. Esto lo hace un poco más difícil porque hay presión y discriminación en todos los países musulmanes árabes; en algunos hay persecución directa y en algunos otros hay prohibición, como por ejemplo en Arabia Saudita.

En Iraq no hay problemas de leyes contra el cristianismo, pero sí está el problema de la presión y discriminación que, por ejemplo, ya reciben los niños dentro de las escuelas: cuando son grandes es mucho más fácil que pierdan el trabajo y mucho más difícil que lo recuperen, están desprotegidos y, por supuesto, están todos los ataques terroristas.

¿Cómo es que se vive bajo la tensión de los ataques terroristas?

▶ Desde el 2003 en adelante había un promedio de veinte atentados por día en el país, un promedio de cien atentados por mes en la capital de Bagdad; ahora los atentados han bajado, pero sigue habiendo.

Pero, además de estar es un país de mayoría musulmana, las actividades apostólicas están limitadas: no se puede hacer apostolado fuera del recinto parroquial; además de ello esta el tema de la inseguridad, la guerra, la postguerra, la persecución, y a pesar de estas dificultades por la persecución y la fidelidad de los cristianos tenemos un pueblo fantástico, y es mucho más fácil predicarles a ellos, ellos están muy unidos a Nuestro Señor y nos enseñan muchas cosas a nosotros todo el tiempo. Es por eso que quienes estamos evangelizando nos consideramos privilegiados, porque estamos sirviendo a un pueblo mártir, a un pueblo perseguido, a un pueblo de confesores de la fe. A veces nos preguntan en Occidente qué significa predicarle a gente que ha sido tan injustamente tratada y perseguida, y en realidad es mucho más fácil predicar el perdón porque ellos lo viven con mucha mayor fe y tenemos mucho afecto de parte de ellos; los sacerdotes somos queridos por el pueblo.

Usted trabaja en un proyecto titulado S.O.S Cristianos en Siria. ¿Cuáles son los ejes de dicho proyecto?

▶ Yo me encargo -junto con mi hermano Enrique que está en Egipto- de las cuentas de Facebook en Medio Oriente. Son diferentes cuentas tanto para Siria como para Iraq. Además, manejamos otras cuentas en diferentes idiomas, como la de Amigos de Iraq, seleccionamos noticias, además de trabajar la cuenta del Papa Juan Pablo II.

A fines del 2010 nacen estos proyectos, porque yo me daba cuenta que pasaba el tiempo, pasaron alrededor de diez meses, y los atentados no paraban. Yo me daba cuenta que la gente estaba muriendo y nada de ello salía en los medios de comunicación internacionales. Hice un calculo, y era que si el atentado no consistía en la muerte de cuarenta personas entonces no era noticia mediática. Me apené demasiado y utilicé las redes sociales para contar lo que uno vive, como los atentados, la violencia; así también para contar lo bueno, nuestra fe y el trabajo del apostolado que hace la Iglesia católica. No solo contamos nuestras misiones de Medio Oriente, sino las persecuciones en otras partes del mundo.

¿Cómo ha vivido sus veintitrés años de vida misionera?

▶ Han sido años de vida muy fecunda. He pasado por diversos países, he conocido la realidad de Medio Oriente, y lo que uno ve es una batalla que se realiza en el corazón de cada hombre, entre Dios que quiere salvarnos y el demonio que quiere perdernos. Esa lucha acá se hace más visible por la persecución sangrienta: se ve más claro el odio de Satanás, pero también se ve más claro la fuerza que Dios da a sus hijos más débiles. Para mi han sido años donde veo lo terrible pero también veo lo más hermoso, que es ver cómo Dios obra en los corazones y eso ha marcado mi vida. Nosotros aprendemos a confiar de la Divina Providencia, porque nuestros laicos, nuestro pueblo en estas tierras, nos han enseñado a confiar en Dios. La gente vive en paz y felicidad, y eso es una enseñanza verdadera.

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Foto: infocatolica.com

Publicado en la edición impresa de El Observador del 10 de noviembre de 2019 No.1270