Cuando todo marcha bien es fácil vivir una fe cómoda

Por José Ernesto Hernández Rodríguez MSP

«Hijo mío, si tratas de servir al Señor, prepárate para la prueba. Fortalece tu voluntad y sé valiente, para no acobardarte cuando llegue la calamidad» (Eclo. 2, 1-2)

«En el mundo ustedes habrán de sufrir, pero tengan valor, yo he vencido al mundo» (Jn. 16, 33b)

«Pues ya saben que cuando su fe es puesta a prueba, ustedes aprenden a soportar con paciencia el sufrimiento» (Stg. 1, 4)

«Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame» (Mt. 16,24).

Estas son algunas citas bíblicas donde la palabra de Dios nos coloca en una realidad cristiana que muchos quieren evadir: el sacrificio.

Una de las realidades de nuestros tiempos es la incapacidad de sacrificio. Simplemente no cabe en la vida de las personas ante la oferta del consumismo, del bienestar, del sentirse bien, del placer, etc. Esta realidad ha permeado mucho los ambientes cristianos, lo que ha vuelto la fe de muchos en tan solo una fe romántica, es decir, hay fe solo cuando todo va bien, cuando no hay sacrificio, cuando se está a gusto, cuando hay aplausos, cuando hay cámaras para la selfie, se vive una fe cómoda, que huye de estas realidades. Varios peligros enfrentan quienes viven una fe así. Enumeramos algunos:

Fe basada en emociones: En este peligro reina el gusto, las emociones, que siempre son momentáneas y cambiantes. Las personas así, se «mantienen» en la fe, solo si sienten bonito. Esta realidad se puede vivir de manera personal y también algunos movimientos parroquiales que solo basan su experiencia cristiana en cantos, alabanzas, aplausos y fiesta, son los típicos cristianos que asisten a la iglesia cuando hay eventos importantes y que incluso permiten de todo, incluso estar a favor de ideologías que van en contra de la fe; lo importante es «estar bien». ¿Qué pasará con este tipo de cristianos el día que dejen de «sentir bonito»?

No superan la prueba: Quienes viven en la burbuja de una fe romántica ante un problema llega la desesperación y la frustración. Fácilmente dejan de asistir a la iglesia, al grupo, etcétera. En el peor de los casos buscan puertas falsas, asisten con brujos y caen en varios vicios. A este tipo de personas se les viene el mundo encima. No hay una fe sólida, no hay capacidad de resiliencia.

Poca capacidad de reflexión: En este peligro se carece de sentido de meditación, de reflexión, todo se mueve en el campo de la superficialidad, de lo momentáneo, de lo líquido. Son el tipo de personas que difícilmente encuentran respuestas a sus problemas y a las distintas realidades que viven. No saben cómo afianzar su fe.

Falta de compromiso: La vida cristiana no puede prescindir del compromiso, ser cristiano es ya un compromiso en sí mismo.

Quienes viven una fe romántica, difícilmente asumen compromisos, pues estos suponen sacrificio, entrega, gastarse por el Reino. Cuando no hay una fe sólida, esto es imposible. En la vida parroquial son las típicas personas a las que no se les puede pedir nada porque «nunca pueden».

Abandonar la fe: Este puede ser el fin de las personas que no han sabido vivir la vida cristiana con el sello de la cruz. Abandonan la fe católica para irse a distintas sectas con la promesa de que todo será mejor, de que todo será más fácil. «Pare de sufrir» es el eslogan con el que una secta gana muchos adeptos, para aquellos que buscan una fe fácil, cómoda, donde solo buscan estar bien. Esta fe no es la que vino a enseñarnos Cristo, ya que sin sacrificio no hay redención.

En el Evangelio de san Mateo 7, 24-27, encontramos el ejemplo de la casa bien o mal fundada, es decir la fe sólida construida sobre roca, o una fe frágil construida a base de emociones, de sentimientos, por temporadas, que no supera la prueba.

La fe es un regalo de Dios, por eso se considera una de las virtudes teologales. No hay recetas mágicas para fortalecerla, es un proceso de toda la vida pero ocupa de nuestra disposición. Meditar la palabra de Dios y cimentar en ella la fe, va a permitir que se arraigue en roca, en Cristo.

En la Palabra encontramos respuestas y consuelo a todo lo que nos toca vivir, tanto alegrías como sufrimientos que debemos convertir en sacrificio. Una fe que esté al margen de la Palabra de Dios será siempre frágil.

Los sacramentos, la oración, la vida comunitaria en el lugar donde cada quien se desarrolle, son elementos que van ayudando a dejar una fe romántica. Asumir compromisos aquilata la fe, la hace fuerte, hace que podamos conocer de lo que somos capaces para servir a Dios y a los hermanos. «Una experiencia de fe es fuerte cuando exige sacrificio; si falta éste, es superficial y acaba pronto» (P. Luis Butera). Quien vive una fe romántica será víctima de los retos que hoy debemos enfrentar los cristianos.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 22 de diciembre de 2019 No.1276