Por P. Fernando Pascual

Hablar de manipulaciones permite fijar la atención en dos tipologías de personas: los manipulados y los manipuladores.

La persona manipulada cae en un engaño por motivos diferentes. A veces cree que el titular de un periódico corresponde al contenido, cuando no pocas veces el titular dice lo contrario de lo que le sigue.

Otras veces uno es manipulado por carecer de conocimientos básicos en un tema en cuestión: basta una simple mentira para hacer sucumbir en el engaño a ingenuos e iletrados.

No pocas veces una persona es manipulada por falta de habilidad a la hora de distinguir entre un razonamiento válido y un sofisma más o menos bien pensado.

Si son diversas las situaciones y causas que llevan a unos a ser manipulados, también son diferentes los motivos que provocan las acciones de los manipuladores.

Porque algunos manipuladores lo son casi de modo inconsciente: repiten de buena fe una información falsa y así engañan a quienes les escuchan.

Otros manipuladores trabajan con malicia: buscan conseguir algunos beneficios concretos para sí mismos o para otros al defender una idea política, o al promover violencia, o al desencadenar tensiones, o simplemente al provocar una crisis económica con sus manipulaciones.

Los manipuladores con malicia pueden hacerlo con más o menos habilidad, pero por desgracia muchas veces tienen un éxito sorprendente al ser creídos por miles de personas fácilmente manipulables.

En un mundo donde las mentiras giran casi sin controles, donde las falsas noticias (“fake news”) tienen más velocidad que los desmentidos, las manipulaciones pueden provocar daños que duran años y años.

Por eso vale la pena cualquier esfuerzo por promover la cultura, por enseñar el espíritu sanamente crítico en las personas, por ayudar a la gente a defenderse ante titulares engañosos o mentiras que giran con facilidad inusitada.

Al mismo tiempo, es oportuno castigar convenientemente a manipuladores que causan daños de gravedad en los individuos o en los grupos, sobre todo si provocan tensiones sociales explosivas.

Porque quien pone en giro una falsedad con malicia y para intereses turbios es el responsable de buena parte del mal uso que otros hagan de esa falsedad y de las víctimas que se vean dañadas por una manipulación descontrolada.

Es posible imaginar un mundo con menos manipulaciones cuando los manipuladores sean denunciados con eficacia, y cuando las personas de cualquier condición social cuenten con medios y ayudas para defenderse de las mismas y para abrirse a todo lo verdadero y bueno que enriquece la existencia humana.