Por José Ignacio Alemany Grau, obispo

Reflexión homilética del 26 de enero de 2020

Cuando hay un terremoto la gente sale a la calle gritando con desesperación.

Si un día no saliera el sol por la mañana y pasaran las horas, los gritos serían horrorosos porque con la luz se va el calor y la vida.

Solo cuando saliera de nuevo el sol la humanidad recobraría la paz.

  • Isaías

El pueblo que vivía en la esclavitud recobró la paz y la alegría cuando Dios rompió el yugo del enemigo y quebró la vara y el bastón de los opresores.

Entonces vio la luz.

Sintió tanta alegría como cuando las carretas vuelven cargadas de mieses o cuando, después de la guerra, los soldados regresan cargando el botín.

Es entonces cuando Isaías, con gran belleza y poesía canta:

“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande. Habitaban tierras de sombras y una luz les brilló”.

Les invito a profundizar este bellísimo párrafo que nos habla en el fondo de la luz que llegará con Jesús.

  • Salmo 26

Es precioso.

“El Señor es mi luz y mi salvación”.

Con Dios en la vida del Espíritu, como con la luz en la vida material, encontramos la salvación.

Por eso nos conviene no dejar nunca al Señor y repetir con el profeta:

“Una cosa pido al Señor y eso buscaré: habitar en la casa del Señor por todos los días de mi vida”.

Es decir, no alejarme jamás de la luz y “gozar de la dulzura del Señor en el país de la vida”.

  • San Pablo

Habla a los corintios en nombre de Jesús para pedirles que vivan “de acuerdo y no anden divididos. Estén bien unidos en un mismo pensar y sentir”.

Esto mismo es precisamente lo que Lucas decía de cómo vivía la primera comunidad cristiana.

No es fácil vivirlo más que cuando todos miramos con los ojos y el corazón al mismo Cristo que es nuestro verdadero Redentor.

Por tanto, ni Pablo, ni Pedro… son nuestros salvadores sino únicamente Jesús anunciado en el Evangelio con sencillez y verdad.

Que el Espíritu Santo nos ayude a vivir esta unidad en la Iglesia que es lo único que nos hará eficaces en el apostolado y en la alegría comunitaria.

  • Verso aleluyático

Este verso de hoy nos presenta a Jesucristo anunciando el Reino y aprovechando su divinidad para curar las dolencias físicas del pueblo llevándolo así de la sanación física a la santificación espiritual.

  • Evangelio

El Evangelio tiene dos partes.

La primera nos presenta cómo era la evangelización de Jesús en su primer anuncio.

Debemos tenerlo en cuenta a la hora de evangelizar también nosotros, que con frecuencia, parece que no sabemos de qué hablar, cuando se nos presenta un grupo de personas que quieren que les hablemos de Dios y la salvación.

Este es el mensaje de Jesús y debe ser el nuestro:

“Conviértanse porque está cerca el reino de los cielos”.

La segunda parte del Evangelio, al tratarse del comienzo del tiempo ordinario, nos presenta a Jesús llamando a los primeros apóstoles:

“Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres”.

Generosos y valientes, los hermanos Pedro y Andrés “inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”.

Poco después Jesús encuentra a otros dos hermanos, Santiago y Juan, que estaban repasando las redes con su padre Zebedeo.

Al llamado de Jesús, también “inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron”.

¡Qué fuerte debía ser la mirada de Jesús llamando a sus apóstoles!

¿Habrá perdido Jesús la fuerza de sus ojos y el atractivo de su palabra en este tiempo?