Por Ramón Antonio Pérez / Aleteia en El Observador

A la iglesia Nuestra Señora de Chiquinquirá llegan centenares de venezolanos buscando un plato de comida. «El único requisito es tener hambre, y nadie se va sin haber comido», dicen sus organizadores.

En la Iglesia Nuestra Señora de la Chiquinquirá, en Caracas (Venezuela), y en honor a San Isidro Labrador, un grupo de voluntarias decidió llamar «Olla Milagrosa» a una de las obras de misericordia que cada sábado atiende entre 800 y 900 personas que buscan un plato de comida. Pero el nombre no sólo refleja la acción concreta de la fe cristiana que las identifica, es un compromiso que cumplen con alegría desde el 18 de marzo de 2017, cuando asumieron esta tarea respondiendo al llamado de Cáritas y la iglesia venezolana.

Y cada sábado no ha sido distinto desde entonces, porque «en cada jornada se cumple un verdadero milagro para darle de comer a mucha gente necesitada», relató Carmen Rodríguez de Alarcón, una de las cinco coordinadoras que, junto a Fray Luis Antonio Salazar, llevan adelante esta iniciativa contra el hambre.

«El primer día que hicimos la olla para 60 personas, entraron a comer 120, pero fue suficiente para todos. Desde entonces el milagro se repite y nunca se ha quedado nadie sin comer», aseguró para Aleteia la auxiliar de la Legión de María.

Alcira de Hopkins, también de este movimiento mariano, confirma los hechos con otro episodio de fe: «En una oportunidad estábamos necesitando dos o tres kilos de arroz para completar la comida, pero cuando íbamos a pedírselos a los sacerdotes con la promesa de reponérselos, llegó una persona para donar un bulto con 24 kilos. Desde entonces crece el número de comensales y crece también el número de colaboradores», expresó.

Los relatos de estas mujeres constatan lo que Cáritas Venezuela afirma desde 2016 con cifras que cada día escandalizan al mundo por la trágica realidad que se vive en el país suramericano, pero también por la entereza con que la iglesia busca darle respuesta.

En el año 2019, la organización social de la Iglesia benefició un aproximado de 6 millones de personas, proporcionando 87 mil 294 raciones de comida a través de 865 «Ollas Solidarias» y la entrega de 3 mil bolsas de alimentación, de acuerdo con el balance presentado por el cardenal Baltazar Porras, durante la asamblea de la Conferencia Episcopal Venezolana.

Pero no se trata de una fría estadística sin el calor humano. La dureza del momento obliga a continuar con este trabajo caritativo desde la visión humana y cristiana de la iglesia. El mismo cardenal Porras, en el marco festivo por los 70 años de la Legión de María en Venezuela, aprovechó su presencia en la iglesia Nuestra Señora de Chiquinquirá, este sábado 18 de enero, para compartir con voluntarios y comensales de la «Olla Milagrosa».

Su mensaje no pudo ser más oportuno, de acuerdo con lo que pidió a los legionarios: «estar cerca de los más pobres es la presencia amable y tierna de María Santísima». «Ustedes son ese apostolado de vanguardia, en el que hay que unir esa oración, formación y acción -como hemos escuchado- ¿Para qué? Para ser ese rostro amable, sencillo, hospitalario y samaritano que tanta falta está haciendo en medio de nuestra sociedad», indicó Porras.

Nadie se va sin haber comido

Nuestra Señora de Chiquinquirá es un ejemplo de la «Iglesia de puertas abiertas» que ha motivado el Papa Francisco desde que llegó al Vaticano, recordaba una de las coordinadoras de la «Olla Milagrosa». «Aquí viene gente de todas partes, no sólo de nuestra comunidad parroquial; llegan desde de los Valles del Tuy, Guarenas, Guatire y La Guaira. El único requisito es tener hambre y nadie se va sin haber comido», afirmó Alcira.

«Nosotros no rechazamos a nadie porque todos somos hijos de Dios», expresó la voluntaria María Auxiliadora Richimond, al detallar el trabajo que realizan. «Estas personas se sienten satisfechas, que les damos cariño y los tomamos en cuenta», expresó más adelante la señora Beyla, una colaboradora que funge como «capitana de mesa».

La dinámica de la «Olla milagrosa» implica trabajar durante toda la semana, porque es necesario recabar los insumos, pero tiene su momento más fuerte los días viernes cuando limpian granos y verduras, así como tener el gas y el agua al día. Durante el almuerzo, desde temprano se acercan los comensales y forman una hilera. Ingresan al patio para lavarse las manos y esperan debajo de un toldo mientras se inicia la entrega de la comida.

El gobierno ha intentado sabotear el proyecto

No todo ha sido fácil para llevar adelante la «Olla Milagrosa» en esta iglesia de Caracas. El 31 de marzo del año pasado no se pudo realizar por la acción de la Guardia Nacional Bolivariana al impedir que llegara un camión cisterna para abastecer de agua el tanque del que se sirven para preparar los alimentos. El cardenal Porras Cardozo, denunció el hecho y sostuvo que continuaría a pesar del «escollo de autoridades que a veces lo han impedido».

«Es novedoso y curioso que en algunas zonas populares se ha amenazado a la gente que ayuda en la parroquia para la olla solidaria, por ejemplo. Hacer eso es visto como si fuese una acción en contra del Gobierno», expresó entonces el purpurado venezolano.

De acuerdo con el informe presentado a la Conferencia Episcopal por el cardenal Porras, para este año 2020 son muchos los retos que se tienen en la iglesia venezolana, entre los cuales se puede mencionar la necesidad que tienen las Cáritas diocesanas y parroquiales de buscar autofinanciamiento para el sustento de sus proyectos y actividades.

«De esta manera, iniciativas como la ‘Olla Milagrosa’ se fortalecerán y podrán ser replicadas en muchas comunidades pobres», expresó una de las colaboradoras en la Chiquinquirá.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 26 de enero de 2020 No.1281