Por J. Jesús García y García

Alguien inventó que en 1456 el Papa Calixto III «excomulgó» al cometa Halley cuando éste apareció sobre Europa (el nombre de Halley no le vendría a este cuerpo celeste sino hasta el siglo XVIII). Presuntamente el matemático francés del siglo XVIII Pierre-Simon Laplace habría colaborado para popularizar esa leyenda de la excomunión del planeta.

El citado año las fuerzas cristianas consiguieron una pálida victoria en Belgrado contra los turcos en una cruzada, pero no pudieron evitar que ésta, como tal, fuera un fracaso.

El caso es que en ese mismo 1456 había aparecido un cometa de larga cola que llenó de terror a toda Europa, y, según los fabuladores, el Papa dispuso que se hicieran rogativas públicas en que se conjuraba al cometa y a los turcos. Añaden que, durante la batalla de Belgrado, en el momento en que los cristianos casi se daban por vencidos, algunos monjes se lanzaron con el crucifijo en la mano entre las filas de los combatientes, conjurando al cometa que, a partir de ese momento, se volvió contra los turcos, obligándolos así a abandonar la lucha.

El episodio carece de comprobación histórica. Calixto III expidió una bula el 29 de junio de 1456, en donde solicita las oraciones de los fieles para el triunfo de la cruzada, pero para nada mencionaba al cometa. Más aún: cuando sucedió el sitio de Belgrado hacía varias semanas que el cometa había dejado de ser visible.

Lingüística y canónicamente, excomulgar a un planeta es un disparate, ya que excomulgar significa apartar a alguien de la comunión de los fieles y del uso de los sacramentos, circunstancias que no se acomodan a un cuerpo inanimado. Pero, claro, de lo que se trata es de ridiculizar a la Iglesia.

TEMA DE LA SEMANA: ¿Dónde estamos en el cosmos?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 9 de febrero de 2020 No.1283