Vocación que se traduce en riquezas inagotables que se encuentran cada día en el amor incondicional

Por Sergio Estrada

El pasado 2 de febrero se celebró la Jornada de Vida Consagrada, celebración en la que se hace memoria de la presentación de Jesús en el templo para ofrecerlo a Dios. El objetivo de esta jornada es alabar al Señor y darle gracias por el don de la vida consagrada, que enriquece y alegra a la comunidad cristiana con la multiplicidad de sus carismas y dar gracias a Dios por lo que ha realizado en las personas consagradas.

Desde los primeros siglos del cristianismo ha surgido en la Iglesia un estilo de vida que va más allá de la naturaleza, con vínculos nacidos en la familia de hombres y mujeres y con la voluntad de responder a la invitación de Jesús para seguirlo.

Es por esto que se opta por una vida en comunidad, oración, servicio o en vida ermitaña o penitente y en claro apego a los parámetros socioculturales ordinarios en la vida religiosa.

Esencia de la vida religiosa

La vida religiosa en sus múltiples vertientes tiene un impacto que parecería imperceptible, pero siempre llena de un valor trascendental. Esta vida entregada al servicio de Dios y los demás se traduce en riquezas inagotables que encontramos cada día con amor maternal e incondicional en el servicio donde hay necesidades humanas como los migrantes, abandono familiar, presos, enfermos etc. En ese lugar existe la presencia de una comunidad religiosa donde le den de comer al hambriento, vistiendo al desnudo, visitando al encarcelado. Ante la crisis de valores y las necesidades humanitarias que existen, es momento de impulsar su labor.

Reconociendo la labor de vida consagrada

El proyecto global de pastoral de la CEM 2031-2033, agradece el don de la vida consagrada, la valora, la alienta y la impulsa a fin de que sus carismas colaboren en la edificación de la Iglesia. «Reconocemos la presencia generosa y comprometida de las diversas ordenes y congregaciones religiosas; mujeres y hombres que, llenos del celo apostólico, proclamarán con valentía y creatividad la Buena Nueva. Este estilo de vida es una verdadera bendición para la Iglesia. Valoramos la entrega y presencia sin reserva de tantos consagrados que a lo largo de estos siglos han entregado sus vida al servicio del Evangelio».

Testimonio de Fe

Para la hermana Rosa Margarita Mayoral, Secretaria General de la Conferencia de Superiores Mayores de México (CIRM), perteneciente a las hermanas carmelitas del Sagrado Corazón y con 30 años de consagración al amor a Dios y al prójimo, es la motivación que la sigue alimentando para continuar en este camino.

«Esta vez estuve en la Sierra Tarahumara compartiendo con las hermanas una jornada de estudios de tres días. Fue un momento para retomar el amor. Esta iniciativa fue de san Juan Pablo II y ha sido una experiencia extraordinaria que sigue resonando y que se renueva rememorando que existe la vida consagrada. Más que nada es el servicio que nos llama a estar con Dios y participar en
una misión».

En su encargo de Secretaria General de la CIRM, la hermana Rosa Margarita señala que se siente muy plena dando el testimonio de fe para seguir invitando a otros de la experiencia de compartir la fe. En su apostolado de pastoral indígena cobra sentido su servicio. «Es algo que nada ni nadie podrá superar debido a que estamos al servicio de Dios que es vida».

Publicado en la edición impresa de El Observador del 23 de febrero de 2020 No.1284