Por Ary Waldir Ramos Díaz / Aleteia en El Observador

XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en octubre de 2022, sobre el tema: «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión».

La reforma del Papa Francisco sigue adelante con la descentralización del poder y la conversión del papado, para dar una mayor participación a las comunidades en ese «caminar juntos —laicos, pastores, Obispo de Roma— (significado de sinodalidad) de una Iglesia en ‘salida’, misionera, atenta a las periferias existenciales y hospital de campaña».

En este sentido, el Secretario General del Sínodo de los Obispos, el cardenal Lorenzo Baldisseri, anunció el pasado 7 de marzo de 2020, que el Papa Francisco celebrará la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos en octubre de 2022 sobre el tema: «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión».

Una palabra extraña, sinodalidad, para el común de la gente, pero que, en cambio, encierra el objetivo de caminar junto al pueblo de Dios, a través de la escucha que se transforma compasión, y empatía, peregrinando en la unidad, en la doctrina, al mismo tiempo que se persigue la línea de la misericordia, la justicia y la verdad que atraviesa la condición humana y trascendente.

La comunión episcopal, con Pedro y bajo Pedro, se manifiesta en modo especial en el Sínodo de los Obispos, que, instituido por Pablo VI el 15 de septiembre de 1965, constituye uno de los legados más preciosos del Concilio Vaticano II.

Así, al comienzo de la Constitución Apostólica Episcopalis communio del 15 de septiembre de 2018, el Papa Francisco relanzó la importancia de la institución querida por Montini y que cumplirá este 2020, su 55 aniversario.

Francisco define la sinodalidad como «dimensión constitutiva de la Iglesia»- reiterando su centralidad en la vida eclesial y en la dinámica de comunión y colaboración entre los obispos del mundo, y entre éstos y el obispo de Roma. Un proceso en camino de perfección y mejoras.

De hecho, para el Papa el Sínodo de los Obispos sigue siendo «un lugar privilegiado de interpretación y recepción del rico magisterio conciliar», pero también un instrumento fundamental de «escucha del Pueblo de Dios» y de «impulso al magisterio pontificio».

Desde el inicio de su ministerio, Francisco ha pretendido valorizar el Sínodo y perfeccionarlo, así como lo ha querido Pablo VI, y veinte años más tarde, san Juan Pablo II, cuando afirmaba que «tal vez este instrumento podrá mejorarse todavía» (discurso 50 aniversario del Sínodo). En el 2006, Benedicto XVI aprobaba algunas variaciones al Ordo Synodi Episcoporum.

«El mundo en el que vivimos, y que estamos llamados a amar y servir también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el fortalecimiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión. Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio». Papa Francisco, 50 aniversario del Sínodo, Aula Pablo VI – Sábado 17 de octubre de 2015.

Pueblo de Dios

La concepción del Papa es que el Pueblo de Dios «está constituido por todos los bautizados, ‘consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo’ [6]; el Concilio Vaticano II proclama que «la totalidad de los fieles que tienen la unción del Santo (cf. 1 Jn 2,20 y 27) no puede equivocarse en la fe».

El camino sinodal comienza escuchando al pueblo, que «participa también de la función profética de Cristo», según un principio muy estimado en la Iglesia del primer milenio: «Quod omnes tangit ab omnibus tractari debet», explicó el Papa.

El camino del Sínodo prosigue escuchando a los Pastores. El hecho que el Sínodo actúe siempre cum Petro et sub Petro —por tanto no sólo cum Petro, sino también sub Petro — no es una limitación de la libertad, sino una garantía de la unidad.

Saludable descentralización

La sinodalidad, como dimensión constitutiva de la Iglesia como comunidad, explica el Papa, también hace comprensible el ministerio jerárquico: la Iglesia no es otra cosa que el «caminar juntos» de la grey de Dios por los senderos de la historia que sale al encuentro de Cristo el Señor— entendemos también que en su interior nadie puede ser ‘elevado’ por encima de los demás».

El Sínodo es como el Colegio de los apóstoles, que recuerda la última Cena. «En la Iglesia es necesario que alguno ‘se abaje’ para ponerse al servicio de los hermanos a lo largo del camino».

Conversión del papado

Francisco afirma que el Sínodo está a mitad de camino y ha reiterado «la necesidad y la urgencia de pensar en una conversión del papado».

«En una Iglesia sinodal, no es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar en una saludable ‘descentralización’».

El Papa – confirmó Francisco – no está, por sí mismo, por encima de la Iglesia; sino dentro de ella como bautizado entre los bautizados y dentro del Colegio episcopal como obispo entre los obispos, llamado a la vez —como sucesor del apóstol Pedro— a guiar a la Iglesia de Roma, que preside en la caridad a todas las Iglesias (Discurso 50 aniversario del Sínodo).

Una mirada a la humanidad

Una Iglesia sinodal dirige su mirada a la humanidad. El Papa invita a la Iglesia a caminar junto al pueblo de Dios, en tiempos en que el mundo invoca «participación, solidaridad y la transparencia» en la administración de lo público.

Por eso, la Iglesia, sale de la lógica del poder y como madre de brazos abiertos «camina junto» a los hombres, partícipe de las dificultades de la historia, trabajando por la «dignidad» de los pueblos y del servicio para «la justicia y la fraternidad».

Publicado en la edición impresa de El Observador del 15 de marzo de 2020 No.1288