Por Hno. José Ernesto Hernández Rodríguez, msp

Quienes están atrapados en este culto y creen que no pueden dejarlo están en un error, el mal nunca tiene la última palabra

En publicaciones anteriores hemos dicho ya que el culto a la «santa muerte» no es cristiano, no es aprobado por la Iglesia católica. Sin embargo, pareciera que cada vez hay más adeptos y fieles a este culto. El tiempo de Pascua conmemoramos el triunfo de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte; nos da la certeza de la fe en Cristo y en la vida eterna, pues «si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra fe» (I Co 15,14-15). Ante esto resulta absurdo que muchos sigan adelante en el culto a la «Niña Blanca». Veremos algunas razones que afirman lo satánico que es este culto y, en consecuencia, la incompatibilidad con la fe católica.

La enseñanza bíblica: Muchas son las citas bíblicas que insisten en que Dios detesta ese tipo de prácticas, adivinaciones, ocultismo, etc. Además de que contradicen el mandamiento más importante dicho por boca de Jesús: «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente» (Mt 22, 37). La Muerte no es una imagen como las que tenemos en la Iglesia católica, sino que es un ídolo, es decir un dios falso: al respecto la Biblia dice: «No habrá para ti otros dioses delante de Mí» (Ex 20,2) Algunas citas bíblicas hacen referencia directa en contra de la Muerte, he aquí algunas: Sb 1,12-16; 2, 23-24; Dt 18,9-12; I Co 15,54-57.

Quienes creen en Cristo no se van con la Muerte: «Como quiera, al final de nuestra vida nos vamos a ir con ella»; esta frase es común entre los devotos, de los cuales la mayoría dice ser católica. ¡No es así! Se van con la Muerte quienes le pertenecen, quienes rechazan a Cristo, ellos sí se van con la Muerte pero al tormento eterno (cfr. Sb 1, 16). La muerte que todos pasaremos es el proceso natural de la separación del alma del cuerpo, el fin de nuestra vida terrena, y esto no tiene nada que ver con un ídolo o con una «calaca». Los católicos creemos en Cristo, que venció a la muerte y que con su muerte nos ganó para siempre la vida eterna. Creemos en un Dios de vivos y no de muertos (cfr. Mc 12,27; I Co 15,25.57).

¿Por qué hay muertes de varios colores? Roja para el amor, negra para la maldad, blanca para trabajos blancos, amarilla para la abundancia en general, ámbar para problemas de vicios, dorada para las cuestiones de dinero, entre otros colores con un significado propio. Este abanico de colores muestra las múltiples facetas que este ídolo puede asumir: hacer el mal a alguien con la Muerte color negro; aparentemente hacer el «bien», «curarse» de alguna enfermedad o «salir» de un problema con una Muerte color blanco; someter a alguien relacionado con asuntos amorosos con una Muerte de color rojo; buscar con avaricia el dinero con una Muerte de color dorado. ¿Es esto lo que Dios quiere para sus hijos? ¿Se trata de encapricharse con algo, con alguien, para estar bien? ¿Qué tipo de «bondad», para los que así lo creen, puede haber en este ídolo que te puede hacer un «bien» por un lado (muerte blanca) y el mal por otro (muerte negra)?

La oración a la Muerte contradice el triunfo de Cristo: «Oh Jesucristo, que en la cruz fuiste vencido, vence a….». Ésta es la oración que viene impresa en las veladoras que encienden los devotos. ¡No es así! Jesús en la Cruz nunca fue vencido, su muerte no es de derrota, a Él nadie le quitó la vida, sino que la dio por voluntad propia (cfr. Jn 10,17-18). Cristo venció a la muerte resucitando de entre los muertos. (cfr. I Co 15,3-4), y a este mismo Jesús «Dios lo ha hecho Señor y Mesías» (Hch 2,36), para que, «ante ese nombre concedido a Jesús, doblen todos las rodillas en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y todos reconozcan que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (Flp 2,10-11) ¿Por qué acudir con quien fue vencida, en lugar de ir con el Vencedor? Hay muchas otras oraciones aberrantes donde se hacen peticiones que nada tienen que ver con lo que Dios quiere para sus hijos. Quien escucha esas oraciones es el mismo Satanás.

Un culto de víctimas y de interesados: Cierto es que la mayoría de las personas que han caído en las garras de la Muerte han sido víctimas de muchas cosas: desesperación ante alguna enfermedad, ignorancia religiosa, rupturas matrimoniales, infidelidades, envidias, etc. Hay también quienes lo hacen por interés, porque les va «muy bien»: narcotráfico, vandalismo, avaricia, someter a personas… Casi nadie de los que rinden culto a la Muerte es por puro amor, sino que la mayoría esconde algún interés. ¿Es este un culto bueno o auténtico?

Quienes están atrapados en este culto y creen que no pueden dejarlo sepan que están en un error, el mal nunca tiene la última palabra.