Fuera de nuestras casas la situación mundial es dramática.Esta es la oportunidad para disfrutar de la familia.

Por Edifa / Aleteia en El Observador

Plantea la pregunta en tu entorno: los recuerdos de la infancia más alegres son los momentos sencillos vividos en familia, ¿verdad? No hacen falta gastos lujosos. Un juego de mesa, un pícnic improvisado en el salón, una película que ver en familia hasta entrada la noche…

Intentar vivir la alegría en familia en un contexto tan sombrío como el actual supone un reto y puede incluso parecer un tanto inconsciente o inocente. Sin embargo, es un mandamiento bíblico: “Estén siempre alegres. Oren sin cesar” (1 Te 5,16-17). No hay ningún misterio: si queremos una familia alegre, nos basta con rezar. Constantemente. Pero, ¿cómo aplicamos esto en lo concreto del día a día?

Las pequeñas cosas que ayudan a conservar la alegría diaria

Rezar no exime de estar atentos al ritmo familiar. Hay que atender las disposiciones humanas para hacer venir la alegría. Eso exige dedicar tiempo. Dedicar una hora para hacer un pastel con los niños o construir una torre de Lego con los pequeños, pararse con uno o con otro para escuchar lo que tenga que decir, trae gozo a quien se beneficia de ello.

Depende de los padres prever los momentos donde pueda brotar esta alegría y preparar el terreno donde germine. “Conviene anticiparse y reservar días o tardes para perder el tiempo juntos, sin esperar a que lleguen las ganas”, señala Priscille, madre de familia.

Celebrar los acontecimientos importantes es también un medio concreto de dar encanto a la vida cotidiana. Cualquier celebración vale: cumpleaños, festivos, progresos, éxitos por pequeños que sean, y con una pequeña puesta en escena que subraye el carácter excepcional del día.

Si, a pesar de todo, la moral de la tropa está a media asta, las comidas son lúgubres, la tensión es palpable y la tristeza parece haber calado hondo, es momento de preguntarse por nuestro equilibrio de vida.

Y continúa diciendo Agnès: “Lo más importante es, por supuesto, la alegría diaria. Una fiesta será un éxito si la vida cotidiana ya es dichosa. Para ello, hay que ser capaz de sorprender y tener una gran libertad. La alegría se recibe, pero también se decide”.

  • Fomentar la fantasía,
  • Preparar una comida original,
  • Ponerse a bailar juntos después de cenar,
  • Admitir también iniciativas por parte de los niños, a quienes a menudo contenemos por temor a que se propasen…
  • Y añadir a todo una buena dosis de humor y de risa.

Además, una familia cristiana no debe dudar en vivir plenamente las fiestas litúrgicas, las celebraciones de nuestra gran familia que es la Iglesia. Sin olvidar, claro está, la primera fiesta semanal: el domingo.

Los padres deben hacer todo lo que puedan para que sea el mejor día de la semana, como un día de celebración imprescindible, con una buena comida y una actividad agrupadora. Que no sea el día de los deberes, un día soso en el que se aburran los niños. El tiempo litúrgico permite dar color al año.

https://es.aleteia.org/cp1/2020/04/06/como-ser-una-familia-alegre-contra-viento-y-marea/

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 12 de abril de 2020 No.1292