Por P. Prisciliano Hernández Chávez, CORC.

Jueves Santo, Misa Crismal

Día que recuerda la autodonación permanente de Cristo Jesús a través de los dones del Sacerdocio, de la Eucaristía y del mandamiento del Amor, admirablemente inter relacionados en mutua dependencia de cara al proceso de la salvación que habrá de llegar a todos los espacios y tiempos.

El Sacerdocio particularmente tiene su espacio singular en la Misa Crismal, presidida por el Obispo, sucesor de los Apóstoles y que como tal nos vincula con el Cristo de la Historia que es el Cristo de la fe. El símbolo y los signos son propios del lenguaje de los misterios cristianos y por tanto de la sagrada Liturgia, que nos habla de ese “synkatábasis”- condescendencia divina, Dios que asume nuestra semiología para realizar la salvación; de aquí que es importante saber el sentido de la pragmática, es decir por qué se usan estos signos-símbolos determinados dentro del contexto celebrativo; su sintáctica, esa íntima conexión entre signos gestuales, materiales, fonéticos e icónicos  para adentrarnos en su lenguaje y ubicarnos en la comunicación humano-divina, divina-humana; finalmente, la dimensión semántica ordenada a la sistemática de la significación.Esto da cuenta  de cómo el hombre es “animal simbolicum” como lo afirma Ernst Cassirer, o mejor como lo afirma el Documento de Puebla, “el hombre es un ser sacramental”. En virtud del agua y del bautismo por el Espíritu Santo se inicia una comunión real y existencial con Cristo; nos sumergimos en Cristo y nos revestimos del mismo Cristo; esto es posible por el Sacerdocio de Cristo, pues el sacerdote  actúa “in persona Christi”, en la persona de Cristo por su mandato y autoridad. Por eso el utilizar vestiduras litúrgicas se pone de manifiesto que sea actúa “in persona Christi”, es decir se hace presente a Cristo quien habrá de ejercer su sacerdocio a través de hombres frágiles órdenados-consagrados para esta misión. Se utiliza el agua en el Bautismo; en esta Misa Crismal, además del pan de trigo de todas las celebraciones eucarísticas, se privilegia el Aceite de Oliva – Santos Óleos, bajo tres condiciones: Óleo de los Castecúmenos, Óleo de los Enfermos y Santo Crisma. El significado del aceite-óleo nos recuerda que es alimento, medicina, y dispone para el combate. En la antigüedad en Israel, el rey y el sacerdote eran ungidos con el óleo para indicar su dignidad, su responsabilidad y su misión divina. La palabra Cristo, traduce al griego la palabra Mesías, que significa el Ungido; por eso los cristianos, como se les llamó primeramente en Antioquía,significa que pertenecen y siguen a Cristo( cf Hch 11,20). Cristo es el Ungido por el Espíritu Santo. En esta Misa Crismal, en Catedral, los Santos Óleos están en el centro de la celebración. Son consagrados directamente por el Obispo, para que se distribuyan en todas las parroquias de su Diócesis y que sean utilizados durante el año. El óleo se utiliza en el Bautismo, en la Confirmación, en la Ordenación sacerdotal o episcopal y en el sacramento de la unción de los enfermos. Así se manifiesta el amor de Dios realizado en este nivel sacramental, expresa nuestra vinculación con Cristo quien instituye a su Iglesia como Sacramento Universal para actualizar su misterio de redención en la historia. El sacerdote en esta misa recuerda que ha sido ungido sacerdote de Cristo; es persona que ontologíca y existencialmente ha de hacer presente a Cristo en la dinámica sacramental como en la vida ordinaria. El Papa Benedicto XVI, hacía esa realación de la palabra “elaion”-óleo-aceite, con la palabra “eleos”-misericordia, según una etimología popular griega. Por eso el sacerdote es el dispensador de la misericordia de Dios por los sacramentos y en su actuar como pastor.

Este Jueves Santo, la misa Crismal, será en ausencia de los fieles, aunque en comunión con toda la Iglesia. La misericordia del Señor se ofrece de otras maneras, -electrónicas, para hacernos vivir nuestra comunión. Es tiempo de valorar la misericordia de Dios que se nos ofrece en los sacramentos.Es tiempo de reconocer nuestra vulnerabilidad y que necesitamos de la presencia salvadora y sanadora del Señor Jesús. Que se apiada de nosotros y nos acompaña en nuestros dolores y penas, que son son suyos porque formamos un solo Cuerpo con Él, en virtud de nuestro bautismo, la confirmación, el sacerdocio.