Virgen de Guadalupe: volver al origen para construir el futuro de los pueblos de América Latina y el Caribe

Por Jaime Septién

Con motivo de la consagración de todas las naciones de América Latina a la Virgen de Guadalupe, Aleteia entrevistó a Rodrigo Guerra, miembro del Equipo Teológico del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) para explorar a fondo el significado de este hecho histórico

¿Por qué es importante este acto en momentos de pandemia de COVID-19?

▶ Creo que por dos motivos fundamentales. Primero, las insuficientes medidas de prevención y contención de la pandemia por parte de los responsables gubernamentales en distintos países latinoamericanos han hecho que nuestros pueblos ingresen a un escenario de riesgo objetivo.

En momentos así, en que los esfuerzos humanos son tan limitados y en algunos casos torpes, es preciso voltear la mirada hacia un lugar empírico que ha provisto de ayuda y consuelo a través de la historia. María de Guadalupe ha protegido a su pueblo, ante epidemias y violencias increíbles.

La segunda razón también es relevante: María de Guadalupe no es una mera devoción para la vida privada, no es una advocación extrínseca a nuestra historia. Ella se encuentra en nuestra raíz más profunda. Mirar a Guadalupe es volver al origen, es afinar la mirada para interpretar el presente y encontrar las pistas para actuar en el futuro.

Rodrigo, ¿Guadalupe no entra “en competencia” con otras advocaciones marianas?

▶ Hace muchos años, poco después de la caída del muro de Berlín, leí un bello texto de la brasileña María Clara Lucchetti que me impactó muy profundamente. En él explica muy bien cómo Guadalupe es el esfuerzo que Dios hace a través de su Madre para abrazar al vencido y colocarse de su lado. Pero, además, recuerdo que el texto me ayudó a entender algo más sutil: las diversas advocaciones marianas en todo el Continente, de alguna manera también colaboran a conducir la mirada hacia este mismo punto.

¿Tú que has estado cerca del Papa, qué importancia tiene para él la Virgen de Guadalupe?

▶ Tengo la impresión que de una manera misteriosa pero real, Francisco es un hijo de aquello que inició con Juan Diego. Juan Pablo II decía de sí mismo que era un “hombre venido de lejos”.

Pero quien verdaderamente llegó a Roma desde un lugar aún más lejano fue Francisco. No sólo porque Argentina está muy al sur del planeta sino porque Francisco recoge en su historia personal y pastoral el camino de la Iglesia latinoamericana y eso hoy es don para la renovación y reforma de la Iglesia universal.

¿Qué nos esperará en el futuro tras la consagración de América Latina a la Virgen de Guadalupe?

▶ Creo que el horizonte es claro. En el año 2031 se celebrará el V Centenario del Acontecimiento Guadalupano. Y en 2033 el Segundo Milenio de la Redención. Estas fechas son algo más que un ciclo cósmico. Son oportunidad para preparar un camino de discipulado y misión. Son camino para una nueva presencia social, cultural e histórica de la fe cristiana en medio de un mundo plural que requiere, nuevamente, de evangelización inculturada e inculturación del Evangelio.

Ojalá antes de 2031 los obispos norteamericanos y canadienses se unan en una sola plegaria a los obispos latinoamericanos y consagremos nuestro continente entero a la Virgen de Guadalupe. Ojalá antes de 2031 logremos reactivar –sinodalmente– nuevas formas de presencia laical en medio del mundo que permitan luchar por el bien común desde los más pobres y no desde la ideología o el compromiso de poder.

https://es.aleteia.org/2020/04/15/por-que-es-tan-importante-ante-el-covid-19-la-consagracion-a-la-virgen-de-guadalupe/

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 19 de abril de 2020 No.1293