Por Josefa Romo

Extraña Semana Santa, que jamás habíamos conocido. Ni misas, ni oficios divinos, ni procesiones… Eso sí: no olvidamos el Gran Acontecimiento Histórico que revive la liturgia en estos días santos: un Dios hecho Hombre dio su vida y su sangre “por muchos para la remisión de los pecados”. A veces, pienso si su agonía en Getsemaní hasta sudar sangre, sería porque su entrega en la Cruz iba a ser inútil para tantos hombres que, vendados sus ojos por la soberbia, resistirían a la gracia.

Estos días invitan a contemplar los detalles de la inmensa Misericordia del Corazón ardiente de Jesucristo. Como predicaba el Venerable Padre Morales,  “se clavó entre mis pecados y el Infierno” ( los de cada uno)  para evitarnos la condenación eterna. Como digo a mis hijos, mayor Amor, imposible.

Es tiempo de conversión. Este año se me viene a la mente, tanta frialdad demostrada con Dios;  también,  tanta dureza con el prójimo…, hasta el punto de ser,  “el hombre,  un lobo para el hombre” (Hobbes)”. Sucede a nivel global. ¿ Iba a quedar sin consecuencias?- nos preguntamos, muchos-.  La injustita y violencia del aborto provocado en países democráticos; el empeño en aplicar la eutanasia en vez de procurar cuidados paliativos; ataques a la familia, tratando de confundir a la gente sobre la verdad de la naturaleza de la persona humana,   creada por Dios en su dualidad de hombre y mujer; la falta de respeto a la inocencia de los niños; el afán desmedido de riquezas con desprecio a los pobres y a costa de la explotación de trabajadores; la trata de personas ‘en pro’ del sexo o del dinero. Una cosa se me ocurre: si queremos que Dios nos mire con su Misericordia y no nos aplique su Justicia, tenemos que cambiar; o sea, convertirnos. Es urgente pedir perdón a Dios y arrepentirnos del pecado. Entonces, Dios se apiadaría de nosotros y del mundo entero. Ante el coronavirus,  en Estados Unidos se decretó un día de oración y, en varias naciones de Latinoamérica, los gobernantes invocan a Dios. Aquí, muchos piden la conversión de políticos y de opulentos poderosos. Curioso: el cura Arellano, de Toledo,  pide, a Pedro y Pablo, en un vídeo publicado en las redes sociales y en prensa digital, que se conviertan, como remedio al coronavirus. Para convertirse hace falta Fe, clara conciencia del mal y humildad. ¿Las tenemos? Si permanecemos en el mal, desastres mayores podrían sucedernos.