Por P. Antonio Escobedo c.m.

Antes que nada, debemos distinguir entre la fiesta de la Asunción y la fiesta de la Ascensión. La fiesta de la Asunción corresponde María. Ella fue tomada y llevada en cuerpo y alma. En cambio la fiesta de la Ascensión corresponde a Jesús. Él no fue llevado, sino que, por sí mismo y sin necesidad de ayuda, subió al lugar donde está el Padre.

Cuando hablamos de la Ascensión no debemos confundirla con una elevación, subida o levitación. La Ascensión no se limita al desplazamiento corporal que hizo Jesús de la tierra al Cielo. La Ascensión es mucho más que un viaje en ascenso desde el monte donde se encontraba hasta llegar a las nubes. Pensar así es reducir y perder el sentido de la fiesta.

La Ascensión de Jesús nos habla sobre todo de la glorificación plena del Señor Resucitado. Celebramos, nada más ni nada menos, la Victoria de Jesús sobre todos los obstáculos que nos impedían llegar a Dios y por tal motivo le corresponde ocupar el puesto de honor que es a la derecha del Padre. No queda la menor duda, Jesús es Juez y Señor y Mediador Universal. Con la Ascensión, tenemos motivos abundantes de alegría y fiesta, pues el triunfo de Jesús es también nuestro triunfo. 

La Ascensión es el punto de partida de la misión de los discípulos. Ellos no se quedaron mirando al cielo, sino que fueron hasta los confines del mundo para hacer nuevos discípulos. Esa sigue siendo nuestra tarea. En este sentido, les comparto una anécdota: en una ocasión me topé con unos misioneros que habían gastado la mayor parte de su vida en Japón. Les pregunté cómo habían logrado tantas conversiones sin hablar bien el idioma y con todas las carencias que tenían. ¿Por qué nosotros que, teniendo tantos avances tecnológicos, hablando idiomas y usando redes sociales, no podemos lograr lo que ellos hicieron? Al escucharme, uno de los misioneros se me acercó. En ese momento le brillaron los ojos ya arrugados por los años y con una sonrisa que dejaba entrever su corazón me respondió melodiosamente: “Nosotros no predicábamos mucho ni hacíamos mucho, pero siempre que podíamos hablábamos con cariño de Jesús…”

TEMA DE LA SEMANA: QUIÉN ES EL HOMBRE FRENTE A LA ASCENSIÓN

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 24 de mayo de 2020. No. 1298