Dios realiza prodigios a fin de llamar nuestra atención sobre la importancia de reconciliarse con Él y recuperar la Gracia. El siguiente testimonio lo vivió un hombre de mediana edad, Gregor B., que fue ingresado el pasado 23 de abril, en plena pandemia, en la sala de emergencias del Hospital Católico Marien, en Wesel, Alemania, no a causa del covid sino de una obstrucción intestinal.

Como iban a operarlo de emergencia, Gregor pidió los sacramentos de la Confesión y de la Unción de los Enfermos. Un médico intentó contactar con varios sacerdotes buscando a alguno que estuviera dispuesto, pero todos se negaron por miedo al coronavirus.

Gregor comenzó a orar suplicando la ayuda de Dios, y de repente apareció el Padre san Pío de Pietrelcina al lado de su cama, quien no sólo le administró el sacramento de la Confesión sino, como fue habitual durante su vida terrena, el propio capuchino estigmatizado le reveló pecados de tiempos anteriores que Gregor nunca había confesado.

El Padre Pío pronunció las palabras de absolución, y luego ungió con aceite la frente del enfermo. Hecho esto, el santo desapareció.

TEMA DE LA SEMANA: PERDÓN SIN SACERDOTE?: LA CONTRICIÓN PERFECTA

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 7 de junio de 2020. No. 1300