La idea de si hay o hubo vida en el planeta Marte es algo que ha intrigado a la humanidad por siglos, y la literatura ayudó por mucho tiempo a mantener, mediante la fantasía, este suspenso, incluso llevando a soñar con viajes de la Tierra a Marte, o viceversa; piénsese, por ejemplo, en “La guerra de los mundos”, de H.G. Wells (1898), que describe una invasión marciana a la Tierra; en las estupendas “Crónicas Marcianas”, de Ray Bradbury (1950), o en “Las arenas de Marte”, de Arthur C. Clark (1951).

Desde 1837 diversos astrónomos comenzaron a publicar los primeros mapamundis de Marte, con datos obtenidos de sus observaciones telescópicas. En 1877 uno de ellos, el italiano Giovanni Schiaparelli, observó algo que parecían unas líneas finas a las que llamó “canali”. Esto fue llevando a creer que dichos canales debían ser de origen artificial y, por tanto, construidos por civilizaciones marcianas para llevar agua de los casquetes polares a sus ciudades.

Aunque en la década de 1950 ya casi nadie creía en civilizaciones marcianas, al menos sí se pensaba que podía haber vida inferior, constituida quizá por musgos y líquenes primitivos.

Para salir de dudas, comenzó la era de las misiones espaciales a Marte. Rusia (URSS) lo hizo con su programa Mars, iniciado en 1960, que pasó de los intentos de sobrevuelo a los sobrevuelos exitosos, así como al primer amartizaje (equivalente de aterrizaje) en 1971, aunque con fallas técnicas.

Estado Unidos inició sus primeros sobrevuelos exitosos en 1964 con el programa Mariner, y sus primeros amartizajes, de 1976, con el programa Viking.

Dese entonces ha continuado la exploración de ese planeta. También han iniciado sus propias investigaciones marcianas: Japón, en1998; la Unión Europea, en 2003; China, en 2011, y Emiratos Árabes Unidos, en 2020.

De todas las investigaciones científicas se desprende: que Marte carece de un campo magnético que lo proteja de las extremadamente dañinas radiaciones solares; que la temperatura máxima en su superficie puede superar los 20ºC, pero que la mínima llega hasta -143ºC; y que en la delgada atmósfera marciana, según se determino por espectrometría desde 1884, no hay agua ni oxígeno. Todo esto dificultaría la existencia de vida.

Desde luego, el agua es fundamental para la existencia de vida; entonces la pregunta es: ¿puede tener Marte agua en alguna parte? En 2018 se descubrió la existencia de un lago subglaciar en el planeta; y hasta la fecha se han descubierto en total 8 lugares accesibles con grandes reservas de agua congelada, en algunos casos a pocos centímetros de la superficie. Desde luego, el agua contiene moléculas de oxígeno; pero desde 2016 también se descubrió un resplendor verde alrededor del planeta, debido a que sí hay alguna presencia de oxígeno, pero sólo como un producto de la descomposición de bióxido de carbono de sus polos.

Viking 1 y Viking 2 estuvieron en Marte por casi 4 y 6 años, respectivamente, en busca de vida. Gilbert V. Levin, que fue el investigador principal de la NASA en el experimento Labeled Release, o LR, asegura que sí encontraron indicios de vida microbiana en Marte. “Se obtuvieron en total cuatro resultados positivos”, asegura.

Experimentos de posteriores misiones constataron presencia de gas metano; así que hay una fuente que lo produce. Sin embargo, los resultados positivos del experimento LR se han querido atribuir a reacciones químicas “no explicadas”, en lugar de a pruebas de vida extraterrestre. Así que, por ahora, el misterio de la vida marciana sigue estando sin resolver.

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Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 15 de noviembre de 2020. No. 1323