Por P. Prisciliano Hernández Chávez CORC

Doblan las campanas, se suman los lamentos y se estruja el alma; te has ido de nuestro lado hermano, amigo, pastor bueno, incansable: tuviste el horizonte más allá de las estrellas.

Por eso tu labor sin tregua para sembrar y sembrarte en el surco de la misión sacerdotal, edificar piedra sobre piedra tu vida de fraternidad, de amistad y de honda espiritualidad mariana, eclesial, diocesana. Difícilmente el tiempo voraz acabará con tu memoria. Ahí está tu obra inicial de Shönstatt, tu trabajo en la parroquia Misterio de Pentecostés, en la parroquia del Perpetuo Socorro, tu remodelación del Santuario convertido en Basílica Menor en Soriano, tu labor incansable en el Santuario de Guadalupe, la Congregación.

Los muros del Seminario te reconocen también como constructor y amigo de bibliotecas, como maestro y Rector. Un concilio de voces se une para entretejer tus enseñanzas de maestro y de dispensador de ideales y de gracias, transidos de Cristo, de María, de Iglesia.

Tu paso por esta tierra ha dejado su impronta en muchos corazones jóvenes, de pastores en ciernes de familias fortalecidas y de fieles.

Aunque se opacó tu voz, tu aliento llenó los espacios interminables de plegarias, de bendiciones y de doctrina fiel a la verdad, como fuente inagotable, que no conoce el cansancio, sino solo el paso tras paso, el correr y el recorrer una vez y otra vez más, para llenar de primaveras los campos eclesiales.

Doblan las campanas, se suman los lamentos y se estruja el alma, porque te vas hermano, amigo, pastor bueno. No te ausentas, te quedas de otra manera: invisible, más cercano al corazón y al alma. Paradoja del misterio del estar y a la vez de tornar al origen, donde todo empezó, antes del tiempo y un poco de tiempo.

Hasta siempre hermano, amigo, pastor bueno, Juan Manuel.

In memoriam, Pbro. Lic. Juan Manuel Pérez Romero, Rector del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, La Congregación, Diócesis de Querétaro (1948-2021)