Antes de votar este 6 de junio, es necesario hacer una reflexión sobre la diferencia entre autoridad y autoritarismo. No es lo mismo ni es igual.

El autoritarismo achata el espíritu; es un ejercicio indebido de la autoridad de quien ejerce el poder e impone su voluntad en contra de lo que reclama el bien común.

El autoritarismo genera un orden social opresivo y carente de libertad y autonomía. Impide al pueblo “entrometerse” en las cosas que, verdaderamente, le atañen.

La autoridad es la conducción legítima de una sociedad y significa aumentar, promover, hacer crecer a la familia, a la persona, al conjunto de los habitantes que conforman el Estado.

Nada hay más alejado del autoritarismo que el mensaje de la morenita del Tepeyac. Ella pide, escucha, acompaña a Juan Diego y a los mexicanos hacia su propia libertad. La libertad de los hijos de Dios.