El párroco español Luis Urriza, con 77 a los de sacerdocio, sigue en activo a pesar de sus casi 100 años. Un ejemplo para muchos…

Por Jesús V. Picón / Aleteia en El Observador

Para el Padre Luis Urriza no existe la palabra cansancio, ni jubilación. A sus 100 años vive intensamente. Dice que los achaques de la vida no son nada, pues ha sido testigo de las grandes guerras en el mundo, conflictos y crisis mundiales, como también ha sido testigo y sobreviviente del COVID-19 a pesar de estar vacunado. Dios se manifiesta con su poder en la salud y vida del Padre Luis Urriza de 100 años…

Padre, ¿nos puede decir su nombre, edad y dónde nació?

▶ Tengo aquí mi certificado de nacimiento. Nací el 19 de agosto de 1921, en Lerín, Navarra, que es un pueblo pequeño en la montaña, muy bonito. Mi nombre completo es Luis Urriza Tres. Entonces, en agosto voy a cumplir nada más que cien años.

¿Qué significa para usted cumplir esta edad?

▶ Desde luego que no pienso mucho en ello. Diosito no quiere que me vaya aún con Él.

¿Cómo podría describir su vida?

▶ Como dije ya, nací en Lerín, Navarra; estuve en el pueblo, y yo era muy revoltoso. Luego me fui al Seminario a los 12 años. Después de unos años ahí, vino la guerra civil, y todos los seminaristas mayores que yo tuvieron que ir a la guerra, los llamaron a la guerra; yo me quedé en puerta.

Y, mientras ellos estaban en la guerra, a mí me pusieron a dar clases en la escuela que teníamos de niños; yo tenía 16 o 17 años, y enseñaba a niños pequeñitos en la escuela.

Después que terminó la guerra, continuamos en el Seminario, terminamos las clases y estuvimos un año en el Escorial porque no había profesores. En el Escorial mataron a más de cien sacerdotes.

Después volvimos a nuestras ciudades. Después de la guerra estuve en Calahorra, luego en León por un tiempo y después volví a Calahorra. Cuando ya era sacerdote estuve dos años con los jóvenes dando clases de latín, de griego, de música y de muchas cosas más, ¡de todo! Me sentí muy cansado, porque eran demasiadas cosas.

Después el párroco de Nuestra Señora de Guadalupe en Port Arthur, Texas, estaba empeñado en que yo viniera aquí para hacer de organista. Pero resulta que me llamaron a hacer el servicio militar; así que estuve dos años en el servicio militar en España.

¿Ahí traía fusil?

▶ No, yo era capellán. Oficiaba la Misa y daba unas clases a los soldados.

Al terminar los dos años, como el padre del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe estaba decidido a que yo viniera a Port Arthur, me decidí a venir para ser el organista. Y sigo dando clases de música.

¿Y en ese entonces sabía inglés?

▶ No sabía ni pío. Tuve que aprender. Cuando yo llegué a Estados Unidos tenía entre 27 y 28 años. Y me quedé.

El problema es que, cuando yo llegué aquí, vino otro sacerdote de Puerto Rico, que también era organista, y me quitó el lugar. Yo me quedé sin nada, sin puesto aquí. Éramos siete u ocho sacerdotes en la casa, y no hacíamos nada, prácticamente nada más que decir una Misa en latín en alguna parte.

El obispo me preguntó si quería trabajar en Beaumont, Texas. Yo ni sabía que existía Beaumont; pero me puse a averiguar que había en Beaumont y me enteré de que había entre 200 y 300 familias hispanas, y que no había iglesia en Beaumont.

Entonces le escribí una carta a mi superior en España hablándole de Beaumont, y me dijo que yo me encargara de los hispanos de Beaumont.

¿Cómo ha sido su vida en cuestión de enfermedades?

▶ He tenido muchas enfermedades, pero sigo para adelante. Y tuve COVID. Estuve unos días internado en el hospital, luego volví a casa y aquí estoy.

¿Cómo va a festejar usted sus cien años?

▶ Ahí no me he metido yo. Pero me dicen que vamos a tener una Misa con el obispo y todo el clero diocesano. Luego, a las seis de la tarde habrá otra Misa para el pueblo, y después habrá una cena en un hotel.

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Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 11 de julio de 2021 No. 1357