Nos habéis mandado un mensaje de WhatsApp preguntando si es verdad que el síndrome de sensibilidad química múltiple (SQM), una enfermedad de difícil diagnóstico que afecta a los pacientes provocando una gran variedad de síntomas que implica varios órganos y sistemas del cuerpo, tiene origen psicológico. La evidencia científica acumulada hasta la fecha apunta a que no. Aunque todavía se desconocen las causas y el desarrollo de esta enfermedad crónica, su origen se relaciona con la exposición a sustancias presentes en el ambiente (como disolventes, hidrocarburos o metales pesados) a dosis tan bajas que se consideran incapaces de causar efectos adversos en la población general. Además, no existe un tratamiento establecido más allá de controlar los síntomas y evitar la exposición a los productos desencadenantes.

A 30 de junio de 2021, la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Asociación Médica Americana (AMA) todavía no incluyen la enfermedad en su listado oficial, aunque sí lo hacen a nivel individual países como Alemania, Suiza, Austria o Japón. España la reconoció como enfermedad en 2014, según un informe publicado por el Ministerio de Sanidad que destacaba las causas desconocidas del síndrome, aunque lo relacionaba con la exposición a sustancias químicas presentes en el medio ambiente.

Un mundo químico

“Nos movemos en un mundo químico”, explica a Verificat Joaquim Fernández, médico de Medicina Interna y jefe de la Unidad de Síndromes de Sensibilización Central del Hospital Clínic de Barcelona. “Es una enfermedad compleja que tiene muchos factores. Algunos dependen de la persona, otros del género y también hay una relación con una exposición mantenida en el tiempo”, desarrolla el experto, que concluye que “si no hay exposición a productos químicos, no hay enfermedad”.

En Europa hay registrados más de 144.000 productos químicos artificiales (creados por el ser humano). Se encuentran en el aire (pesticidas y productos de combustión), en la comida y el agua (fungicidas y ceras protectoras), y forman parte de nuestro día a día (perfumes, plásticos o cintas adhesivas). La Agencia Europea de Químicos (ECHA, por sus siglas en inglés) es la encargada de regular a nivel europeo la producción y transacción de químicos para que se realice de forma segura para la salud humana.

Es difícil estimar la prevalencia

Se sabe que algunas personas son más sensibles a estos productos que la mayoría, y a causa de la exposición continuada a ellos en dosis muy bajas desarrollan síntomas que se relacionan con la SQM. Sin embargo, es difícil estimar la prevalencia. Un informe publicado por el Ministerio de Sanidad en 2015 calculaba que la enfermedad afecta a entre 2 y 4 personas de cada 10.000, pero estudios más actuales elevan esta cifra hasta 50 casos; otros incluso sitúan la prevalencia por encima de los 100 por cada 10.000 habitantes.

El síndrome es más común en mujeres de mediana edad y provoca una amplia gama de síntomas de diferente duración, intensidad, y cronicidad, que van desde dolores de cabeza y musculares, tos y náuseas, hasta asma, ansiedad y pérdidas de memoria. La enfermedad es crónica y “puede llegar a ser invalidante”, advierte el médico.

La SQM forma parte del grupo de los síndromes de sensibilidad central, entre los que se encuentran la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica. “Se trata de un nuevo ámbito de patologías relacionadas con la carga ambiental y que inciden en personas muy susceptibles”, concluye el médico.

Dificultad de diagnóstico y de tratamiento

El desconocimiento de las causas biológicas que originan la enfermedad impide que el diagnóstico pueda hacerse a través de pruebas analíticas o exploratorias, y los médicos se ven obligados a basarse exclusivamente en criterios clínicos, es decir, en el conjunto de síntomas que presenta el paciente y su historial de exposiciones químicas: “Tenemos criterios de definición de caso de la enfermedad, y unos cuestionarios de impacto de qué grado de afectación hay”, explica el experto.

El tratamiento tampoco está unificado: al desconocerse la etiología o causas de la patología, sólo pueden controlarse los síntomas y prevenir la exposición, hasta recomendar, en algunos casos, el aislamiento. Tal como indica el portal Canal Salut de la Generalitat de Catalunya, los pacientes deben “evitar la reexposición a los productos a los cuales se ha perdido la tolerancia”, para lo cual recomienda “mejorar la ventilación de los domicilios, evitar ambientes húmedos, no exponerse a ambientes irritantes (gases y humos) y consumir alimentos ecológicos.” Aún así, el portal avisa de que la enfermedad puede “reducir la calidad de vida de las personas afectadas”.

Teorías sobre el origen psicológico de la enfermedad

La sensibilidad química múltiple ha sido objeto de polémica en la comunidad científica. Paralelamente a los estudios que le otorgan un origen toxicológico, han sido muchos los que han relacionado el origen de la enfermedad con causas psicológicas o psicosomáticas (generar los síntomas desde el aspecto psicológico). La ausencia de alteraciones biológicas objetivas ha reforzado esta hipótesis, que todavía no está descartada del todo.

Con todo, parece que la comunidad científica inclina la balanza hacia el origen toxicológico. La Sociedad Española de Medicina Interna explica que “a medida que se avanza en el conocimiento de la SQM, predominan los estudios que orientan la investigación hacia un origen orgánico tóxico y disminuye el número de trabajos que hacen referencia a una causa psicopatológica”.

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