Repetidas veces aprobada y alabada por los Papas, la Medalla de San Benito es célebre por su eficacia en el combate contra el demonio; pero también se le relaciona con curaciones de enfermedades difíciles y con casos de conversión.

Pero se trata de un sacramental, no de un amuleto, aunque con frecuencia es promocionado por brujos y vendedores con el nombre de “Amuleto de San Benito”.

Un amuleto es un objeto portátil al que se le atribuye un poder mágico capaz de dar salud o suerte a la persona que lo lleva encima.

En cambio, los sacramentales son signos sagrados que han sido instituidos por la Iglesia católica, y que pueden infundir la Gracia y permitir la santificación de las diversas circunstancias de la vida. Los sacramentales actúan ex opere operantis Ecclesiae, es decir, que reciben su eficacia de la misión mediadora que posee la Iglesia ante Cristo, y además su uso requiere de la disposición adecuada por parte de quien los recibe o utiliza. Por ejemplo, si alguien necesita el sacramental llamado exorcismo, pero no está dispuesto a renunciar a las supersticiones y a otras prácticas pecaminosas, sencillamente no le servirá esta bendición liberadora aunque se la imparta todo un ejército de exorcistas.

Orígenes de la Medalla

En el año de 1647 unas mujeres fueron juzgadas por hechicería, y en el proceso declararon que no habían podido dañar el monasterio de los benedictinos porque se encontraba protegido por el signo de la santa Cruz. Se buscó entonces en el monasterio de Metten (Baviera, Alemania) y se encontraron pintadas antiguas representaciones de esta Cruz con unas letras que no pudieron ser interpretadas sino hasta que se encontró en la biblioteca del mismo monasterio un manuscrito del siglo XV con la imagen de san Benito de Nursia y el significado buscado; después se encontraron testimonios mucho más antiguos de ello.

Los hallazgos permitieron acuñar la medalla, y éste es el significado de esta y de las letras que porta:

A los lados de la imagen del santo aparece la frase Crux sancti patris Benedicti (“Cruz del Santo Padre Benito”).

A la izquierda se ve una copa envenenada, de la cual, cuando el santo hizo sobre ella la señal de la cruz, salió una serpiente.

Las 4 letras entre los brazos de la Cruz de Cristo, C. S. P. B., significan Cruz Sancti Patris Benedicto (“Cruz del Santo Padre Benito”).

Alrededor se lee, comenzando desde lo alto del lado derecho: V. R. S. N. S. M. V. S. M. Q. L. I. V. B., que es Vade retro Satanas; nuncuam suade mihi vana (“Apártate, Satanás; no sugieras cosas vanas”). Sunt mala quae libas; ipse venena bibas (“Pues maldad es lo que brindas, bebe tú mismo el veneno”).

La imagen está rodeada por una oración para pedir una buena muerte: Eius in obitu nostro praesentia muniamur. (“A la hora de nuestra muerte seamos protegidos por su presencia”).

En la parte superior está el lema benedictino PAX (“Paz”).

En el crucero vertical de la Cruz aparece C. S. S. M. L., que quiere decir Cruz sacra sit mihi lux (“La Cruz sagrada sea mi luz”).

En la línea horizontal del crucifijo se lee: N. D. S. M. D., lo que significa Non draco sit mihi dux (“No sea el dragón [demonio] mi guía”).

TEMA DE LA SEMANA: “SAN BENITO: EL HOMBRE QUE SALVÓ LA CIVILIZACIÓN CRISTIANA”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 11 de julio de 2021 No. 1357