Por Marieli de los Ríos Uriarte | Grupo “Querida Amazonía”

Quienes hemos conocido personalmente a Rodrigo Guerra, recién nombrado por el Papa Francisco secretario de la Comisión Pontificia para América Latina, hemos constatado el valor profético de sus palabras y su profunda fidelidad a nuestra Madre, la Iglesia. No se cansa de insistir en que entre un Papa y otro no hay ruptura, sino seguimiento, y que el Espíritu sabe depositar semillas de bien en todo y en todos.

Su nombramiento anuncia tiempos nuevos, y horizontes de esperanza para una Iglesia Latinoamericana que tiene muchos retos por delante: la pobreza, el desempleo, los gobiernos populistas, la migración, etc., pero que también tiene una fe muy arraigada y una esperanza contra toda esperanza.

Mexicano por nacimiento, filósofo de formación, académico de vocación y laico comprometido de a pie. Rodrigo ha caminado, desde hace varios años, de la mano de los Pontífices, conoce bien lo que hay detrás de los hombres que son, pero sin ignorar su mucha humanidad.

Él mismo cuenta la anécdota que un día encontró uno de sus libros prologado por el mismísimo cardenal Bergoglio en Buenos Aires, sin que el supiera que lo había escrito el futuro Papa y que, tiempo después, cuando asistía a una de las sesiones anuales de la Academia Pontificia para la Vida, en Santa Martha, interpeló a Francisco para decirle que le debería las regalías, pues desde que lo habían nombrado Papa, el libro se había encumbrado en la cima del marketing y de las ventas.

Sencillo y espontáneo, pero con una inteligencia aguda y crítica, capaz de construir argumentos verdaderos y correctos, pero de entablar un diálogo fraterno y reconfortante. Rodrigo se deja conmover por el sufrimiento humano y conoce de cerca las tormentas al interior del Vaticano, que lastiman profundamente. Este conocimiento y la parresía de anunciar las luces, así como denunciar las sombras hoy lo posicionan como portavoz de la Iglesia Latinoamericana.

Incómodo para algunos, pero respetado por la mayoría, hoy Rodrigo Guerra representa una voz transparente y profética, que debe desentrañar misterios y ser reflejo de un magis, para un territorio en búsqueda de su propia identidad y para una Iglesia que debe atreverse a ser, como afirma una y otra vez el Papa Francisco, una Iglesia en salida.

Tiempos nuevos se asoman con su llegada a la Comisión Pontificia para América Latina, y fieles al llamado a construir una Iglesia sobre y desde Pedro, nos preparamos y disponemos a recibir el mensaje del Padre que, con su mirada compasiva y misericordiosa ha tenido a bien regalarnos otra solidaria y penetrante, que será faro que guíe nuestro andar latinoamericano, asumiendo los retos que enfrentamos con la misma valentía y celo apostólico que lo hicieran los primeros discípulos.

Encomendamos tu misión Rodrigo, nos alegramos con tu nombramiento, convocamos a una acción conjunta que no divida más y que no hiera más nuestro territorio ni a nuestro pueblo. Un caminar de la mano como hermanos todos.

Foto: https://www.facebook.com/rodrigo.guerralopez