Nos habéis hecho llegar un artículo a través de correo electrónico en el que se ensalzan los supuestos beneficios del té de aguja de pino silvestre como tratamiento eficaz contra los efectos secundarios de la vacuna de la covid-19; en concreto, frente a los coágulos y los ciclos menstruales anormales. También se asegura que su ingesta evita la “replicación y modificación inapropiadas del ARN y el ADN”, que supuestamente se produciría tras haber recibido una vacuna. Todas estas supuestas propiedades son FALSAS. No se ha demostrado que la ingesta de té de agujas de pino silvestre prevenga la formación de coágulos y tampoco es cierto que evite la modificación de ADN o de ARN de nuestras células, ya que ese no es un efecto de los viales, como ya hemos explicado

“Lo que nos interesa [del té con agujas de pino] se encuentra en sus efectos inhibidores de la cascada de coagulación que causa microcoágulos, accidentes cerebrovasculares y ciclos menstruales anormales. Y también sus efectos contra la replicación y la modificación inapropiadas del ARN y el ADN”

Según el autor del texto, cuyo origen se desconoce, estas supuestas propiedades anticoagulantes estarían vinculadas a la presencia de ácido shikímico, un compuesto empleado en fármacos antigripales, y que se encuentra en las agujas del pino silvestre: “Un estudio publicado en Research Gate confirma que el ácido shikímico ofrece una actividad antiagregante plaquetaria, lo que significa que ayuda a detener la formación de coágulos de sangre”.

En primer lugar, Research Gate no es una revista científica, sino una red social de investigadores donde se comparten artículos científicos, aunque sin necesariamente evaluar su rigor científico. Es como si se afirmara que un artículo ha sido publicado en Facebook. Además, no es posible encontrar el estudio al que hace referencia el autor, pues tampoco aparece enlazado en su texto.

Un fármaco antigripal

El ácido shikímico es famoso sobre todo por ser un elemento clave en la síntesis industrial del oseltamivir antiviral (Tamiflu), un fármaco que combate la gripe. Hace una década un grupo de investigadores de la Universidad de Calgary (Canadá) descubrió que el ácido shikímico podía extraerse de las agujas del pino, pero ya se sabía anteriormente que éste también estaba presente en otras bacterias y plantas, como el árbol liquidámbar, de Norteamérica.

Tras diversos estudios realizados al respecto por diferentes grupos de investigación, se ha concluido que las mayores concentraciones de ácido shikímico se encuentran en las vainas de la planta del anís estrellado chino (Illicium Verum) y del anís estrellado silvestre (Illicium anisatum L), que crecen en las zonas montañosas del sur de China.

Sin evidencia científica

“Algunos estudios sugieren que el ácido shikímico podría tener otros usos farmacéuticos, como por ejemplo reducir la agregación de plaquetas (proceso clave en la formación de trombos)”, indica a Verificat Adelaida Sarukhan, inmunóloga y redactora científica del Instituto de Salud Global (ISGlobal) de Barcelona, como este llevado a cabo en ratas, o este otro sobre población humana sedentaria. Sin embargo, añade, “las concentraciones de este compuesto en el té de agujas de pino son muy inferiores a las que se usan en dichos experimentos, y por el momento no hay ningún ensayo clínico que demuestre un beneficio de este compuesto en pacientes con trombosis”, concluye.

De momento, no hay ningún estudio publicado hasta la fecha en PubMed, el mayor repositorio de artículos médicos del mundo propiedad la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, en el que se haya estudiado cómo influye este compuesto en el desarrollo de la covid-19 o para combatir los efectos adversos de las vacunas, ni sobre cómo influye en ellos el té de agujas de pino.

Tampoco se ha descrito hasta la fecha, tal y como señala el autor del correo, un efecto regulador del ácido shikímico o el té de aguja de pino sobre el ciclo menstrual de las mujeres, que han notificado en los últimos meses sufrir cambios tanto en su duración como en su intensidad tras haber recibido la vacuna.

Los trombos, efectos secundarios extremadamente raros

Hay que recordar que los eventos de trombosis tras las vacunas por vectores virales son muy poco frecuentes —entre 1 y 10 casos por millón para las vacunas de AstraZeneca o Johnson and Johnson— y que existen ya en la clínica productos eficaces para su tratamiento: “A pesar de que este tipo de trombosis es potencialmente letal, estos casos se pueden tratar con éxito si se identifican a tiempo”, señala Sarukhan.

En el caso concreto de las trombosis trombocitopénicas asociadas a las vacunas (VITT, en inglés), estas se forman por la generación de anticuerpos que reconocen la PF4, un factor secretado por las plaquetas y la activación de las mismas, “de manera similar a lo que sucede con la trombocitopenia inducida por heparina (HIT)”, señala la inmunóloga.

Por lo tanto, para tratarlas “se suelen administrar inmunoglobulinas por vía intravenosa (para bloquear la activación de las plaquetas por los anticuerpos anti-PF4) y anticoagulantes (de preferencia no heparínicos)”, los cuales, según indica la experta, “han mostrado ser eficaces para tratar los raros casos de VITT”.

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