Por Jaime Septién

Agradezco a mi amigo, el sacerdote y postulador de la causa del beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, don Rafael Higueras, el haberme hecho parte de los Amigos de Lolo en el mundo, el haber inscrito a El Observador en Sinaí, una obra de Lolo, patrono de los periodistas en habla española, ciego y paralítico que decidió unir el dolor de los enfermos con la oración de los monasterios de religiosas por la prensa católica, y el enviarme la obra completa de este periodista y futuro santo.

Entre los cientos de maravillas que guarda la obra escrita de Lolo (su vida atada a una silla de ruedas es testimonio mayor) me encuentro un Credo que muy bien nos viene hoy a los católicos, cuando sentimos que, por todos lados, se nos cae la fe. He aquí cinco fragmentos:

Creo en el amor y en la solidaridad de los hombres que hay más allá de las paredes de mi cuarto.

Creo en el poder y en la fertilidad de la bondad, aunque parezca que la ahoga, aunque se sienta, incluso, que cruje pisoteada.

Creo en la esperanza de los niños que se estrenan y en los viejos que, si se curvan, es solo en el cuerpo, porque supieron guardar y avivar la luz de la lámpara de su corazón.

Creo en el perdón o la indulgencia, porque todos los odios mueren en el olvido de Dios que no se ofende.

Creo en la liberación de la pobreza, la paz de la fortaleza, la oportunidad del tiempo, el mensaje del dolor, la tranquilidad de la justicia, el poder de la fraternidad, el brindis de la felicidad y el don de la paz.

La grandeza de Lolo no está en los podios que escaló, sino en la humildad de creer contra toda esperanza. En la humildad de creer. En la humildad.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 29 de agosto de 2021 No. 1364