La reflexión del pontífice sobre las consecuencias de la liturgia “suspendida” durante la pandemia en Italia y las dificultades de la reanudación posterior en otros países

Por Ary Waldir Ramos Díaz / Aleteia en El Observador

El papa Francisco manifestó su tristeza dado que muchas comunidades cristianas no pueden participar con ‘normalidad’ en la celebración de la misa. Esto debido a los riesgos de contagio por la pandemia. Y describe cómo esta situación ha cambiado el panorama de las celebraciones y la frecuencia a ellas, en especial, en el día domingo.

“La reunión semanal en el «nombre del Señor», que desde el principio ha sido percibida por los cristianos como una realidad irrenunciable e indisolublemente ligada a su identidad, se vio gravemente afectada durante la fase más aguda de la propagación de la pandemia.” (23.08.2021).

Con motivo de la 71ª Semana Litúrgica Nacional, que se inauguró en Cremona (Italia), el papa Francisco ha puesto el énfasis en la centralidad de la misa en la vida de la Iglesia y de las comunidades.

Así lo hizo en su mensaje dirigido recientemente al Presidente del Centro de Acción Litúrgica, Obispo de Castellaneta, S.E. Mons. Claudio Maniago, a través del Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin.

La reflexión del Papa estuvo circunscrita al caso específico de Italia, uno de los países más golpeados por la pandemia a causa del coronavirus. Pero, sus palabras también tienen resonancia para otras realidades eclesiales a nivel global.

Debido a la emergencia sanitaria, el Papa apoya la eucaristía en la modalidad integrada en presencia y por medios telemáticos. Al mismo tiempo que invita a “identificar y sugerir algunas líneas de pastoral litúrgica para ofrecer a las parroquias”.

“La liturgia «suspendida»

El Papa pone en evidencia las dificultades en la reanudación posterior de las celebraciones de la liturgia “suspendida» por el Covid-19. Y reflexiona sobre el largo período de encierro en el que se ha demostrado «un alarmante indicio del avanzado estado del cambio de época”.

Por ende, invita a la creatividad para continuar con las celebraciones respetando las restricciones sanitarias por la propagación del Covid 19 y necesarias para contenerlo.

«Pero el amor al Señor y la creatividad pastoral empujaron a los pastores y a los fieles laicos a explorar otros modos de alimentar la comunión de fe y de amor con el Señor y con los hermanos, a la espera de poder volver a la plenitud de la celebración eucarística en paz y seguridad.

Fue una espera dura y dolorosa, iluminada por el misterio de la Cruz del Señor y fecunda en muchas obras de atención, amor fraterno y servicio a las personas que más sufrieron las consecuencias de la emergencia sanitaria.». Expresó el Papa sobre el caso de Italia, donde actualmente, ha bajado considerablemente el número de contagiados y de pacientes hospitalizados.

El ‘ayuno’ litúrgico

«Triste experiencia del ‘ayuno’ litúrgico», así llamó el Papa a lo ocurrido durante el año pasado en Italia cuando los templos e iglesias cerraron. Situación que «puso de manifiesto la bondad del largo camino recorrido desde el Concilio Vaticano II, por la senda trazada por la Constitución Sacrosanctum Concilium».

El tiempo de privación permitió percibir «la importancia de la liturgia divina para la vida de los cristianos, que encuentran en ella esa mediación objetiva que exige el hecho de que Jesucristo no es una idea o un sentimiento, sino una Persona viva, y su Misterio un acontecimiento histórico.”

La Iglesia católica italiana ha acatado las reglas de bioseguridad dictadas por las autoridades italianas. El objetivo: proteger a los fieles y a los pastores durante la emergencia sanitaria.

El Papa señala que la oración de los cristianos pasa por mediaciones concretas: «la Sagrada Escritura, los sacramentos, los ritos litúrgicos, la comunidad».

Pues, en la vida cristiana no se prescinde de la esfera corpórea y material, porque en Jesucristo se ha convertido en camino de salvación.

«Podríamos decir que hay que rezar también con el cuerpo: el cuerpo entra en la oración». (Papa Francisco, Audiencia General del 3 de febrero de 2021).

Italia ha sufrido una perdida consistente de vidas humanas comparable a la desaparición de la población total de una ciudad como Florencia.

El domingo, día del Señor

En este contexto, el Papa afirma que se observa cómo “en la vida real de las personas ha cambiado la propia percepción del tiempo y, en consecuencia, del propio domingo, del espacio, con repercusiones en la forma de ser y sentir la comunidad, las personas, la familia y de la relación con un territorio”.

“La asamblea dominical se encuentra así desequilibrada en cuanto a la presencia generacional, la inhomogeneidad cultural y la dificultad de encontrar una integración armoniosa en la vida parroquial, para ser la verdadera cumbre de todas sus actividades y fuente de dinamismo misionero para llevar el Evangelio de la misericordia a las periferias geográficas y existenciales”.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 12 de septiembre de 2021 No. 1366