El pasado 7 de septiembre la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) declaró que es inconstitucional penalizar el aborto. Y que cada mujer puede decidir abortar sin temor a ningún castigo. Tres días después, los ministros resolvieron que no había ser humano en el momento de la concepción. Y está deliberando sobre la legalidad de la objeción de conciencia. Por estos motivos, he entrevistado a nuestro colaborador, el escritor (ha publicado 13 libros sobre temas de actualidad) y el comunicador Raúl Espinoza.

Por Jaime Septién

¿Qué te parece, Raúl, este hecho que los ministros calificaron como “histórico”?

▶ Me vino a la mente la letra de la canción “Señores de la Guerra” donde Bob Dylan afirma “Ustedes han sembrado el peor de los miedos /que jamás se hayan lanzado; /el miedo a traer hijos al mundo. /Han amenazado a mi bebé /cuando todavía no ha nacido /y ni siquiera tiene un nombre. / Y es porque ustedes no valoran /la sangre que corre por sus venas”.

¿Cómo darle la vuelta, en positivo, al adjetivo “histórico” que le dieron los ministros?

▶ Sin duda, el 7 de septiembre quedará en la historia de nuestro país, pero como un día de luto nacional, porque se ha dado carta abierta para que las mujeres destruyan al hijo que llevan en sus entrañas. Es como una declaración de guerra de los mexicanos fuertes en contra de ciudadanos indefensos e inocentes.

¿Crees que se hayan dado cuenta de lo que están destruyendo “legalmente”?

▶ Considero que los Ministros de la Suprema Corte no se han percatado a fondo de las dimensiones trágicas de esta decisión que han tomado. Porque el hecho de que un matrimonio conceda la aprobación para que un médico destroce la vida de su propio hijo, con plena predeterminación, alevosía y ventaja, es una decisión monstruosa.

¿Qué consecuencias puedes vislumbrar desde ya?

▶ Acostumbrarse a matar y pensar que por ser legal, es lo correcto; o sea, que está bien hecho. Las generaciones venideras no valorarán la vida humana ni la de los no nacidos. Curiosamente nos horrorizan los sacrificios humanos que se practicaban en algunas culturas prehispánicas de nuestro continente. Pero estos abortos que se practican diariamente en muchos países del mundo –como no son “noticia”– permanecen en el anonimato. Sin duda, se trata de la peor de las barbaries de la civilización actual frente a la que existe una “conspiración del silencio”.

¿A este suceso del 7 de septiembre se le llamaría una “decisión políticamente correcta” en la que impera “la apertura de mente” y la “postura vanguardista” como lo han hecho en otros países?

▶ Siempre me ha parecido una manipulación terminológica la frase “interrupción legal del embarazo”. Porque bajo el pretexto que es “legal”, es válida cualquier aberración. Siguiendo con esa macabra lógica, podríamos continuar con la “interrupción legal de la vida del anciano”; “interrupción legal de la vida del enfermo terminal”; “interrupción legal de la vida del demente”; “interrupción legal de la vida del ladrón”; “interrupción legal de la vida del corrupto y delincuente”, y así sucesivamente.

¿Habrá otra manera de enfrentar el tema del aborto?

▶ Es bien sabido, que existen instituciones, a nivel nacional, que se ocupan de brindar ayuda gratuita a la mujer embarazada tanto en el aspecto ginecológico como en el psicológico; y les proporcionan techo, comida y les enseñan modos de ganarse la vida como cursos de computación; se preparan para trabajar en un salón de belleza; también aprenden corte y confección o a cocinar bien, etcétera. Y permanecen en los albergues hasta que nace el bebé. ¿Por qué entonces escoger la vía más cruel y sanguinaria?

¿Corren peligro otros derechos humanos fundamentales después de este fallo?

▶ Si no se respeta el prioritario derecho que tiene todo ser humano, como es el derecho a la vida, entonces se pondrían en peligro sus demás derechos y perdería todo valor la vida humana.

¿Qué podemos hacer nosotros?

▶ Hemos de sembrar de nuevo, y sin desalentarnos, “la cultura de la vida”, porque somos millones de ciudadanos en todo el mundo los que amamos profundamente la vida humana. Hay una frase que repitió en innumerables ocasiones el doctor Jeróme Lejeune, afamado médico pediatra francés e investigador genetista: “Abortar es matar, aunque el cadáver sea muy pequeño”.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 19 de septiembre de 2021 No. 1367