“Quien se haya acercado a textos de la tradición prehispánica, en que se describe cuál era la condición de los macehuales o gente del pueblo podrá comprender por qué muchos indígenas, consumada la Conquista, encontraron en los franciscanos, según su misma expresión, “quienes los llevan a cuestas, como madre, como padre … “.

De hecho, frente a exacciones y abusos de toda índole, de los encomenderos y a veces también de los antiguos caciques, hombres como Gante, Motolinía, Valencia, Mendieta, Molina, Sahagún y otros muchos, supieron alzar la mano en defensa de los más pobres en el agitado ámbito social de esta región nuclear del Nuevo Mundo.

Por esa su obra de genuinos humanistas que, lejos de desdeñar la cultura indígena, aceptaron de ella cuanto les pareció compatible con su propio mensaje, que ahondaron en el conocimiento del náhuatl y de otras muchas lenguas de Mesoamérica, realizando además, al lado de sabios indígenas, un rescate del viejo legado nativo, introduciendo a veces nuevas instituciones comunitarias, los franciscanos en el México del siglo XVI y principios del XVII, vinieron a ser cofundadores de la realidad espiritual de un pueblo en gestación.

Un diálogo con fray Pedro de Gante y con San Francisco de Asís

El hombre indígena, que con toda la fuerza de su expresión nos dejó las palabras que integran su ‘Visión de los vencidos’, supo valorar también, incluso en forma que se antoja lapidaria, la acción de su hermano franciscano. Recordemos, entre otros poemas del manuscrito de Cantares de la Biblioteca Nacional de México, el Pilcuícatl o Piltoncuícatl, ‘canto de niños o canto de niños pequeños’.

Se trata de una versión modificada del que se atribuía a fray Pedro de Gante, el famoso Pipilcuícatl, entonado al decir del Diario de Juan Bautista, en 1567. En este nuevo y revisado canto indígena se hace alabanza de Francisco de Asís y se establece un diálogo con fray Pedro de Gante. Al menos a modo de símbolo, cabe ver en esta expresión, algo de lo que el hombre indígena sintió acerca de estos frailes:

Las palabras del canto son búsqueda y acercamiento: libro de pinturas es el corazón de fray Pedro, collar de plumas finas lleva San Francisco. Los vencidos enriquecieron su propia visión de las realidades de su tiempo con la presencia de los rostros y corazones que habían llegado, los motolinianih, pobres de verdad, pero dueños de gran sabiduría: “Tu corazón es eso, un libro de pinturas … “

Así hablaron los forjadores de cantos de Anáhuac a Pedro de Gante, por sí mismo, y tal vez también como símbolo de todos sus otros hermanos, los hijos de Totahtzin San Palacisco, nuestro padrecito, el señor San Francisco”.

Echamos de menos

ya nuestro canto,

nosotros,

niños pequeños mexicas,

ya llega hasta él,

a él, San Francisco,

nuestro padre estimado,

allá en el interior del cielo …

Libro de colores es tu corazón,

tú, padre Pedro,

los que son tus cantos,

que a Jesucristo entonamos,

tú los haces llegar a San Francisco,

el que vino a vivir en la tierra.

Así en verdad él es mi ejemplo,

alegráos,

que se entreteja nuestra dicha;

por nosotros hace merecimiento

quien lleva un collar de plumas, San Francisco…

Tomado de Miguel León Portilla: Los franciscanos vistos por el hombre náhuatl (Testimonios indígenas del Siglo XVI). UNAM, México, 1985.

TEMA DE LA SEMANA: LA VISIÓN FRANCISCANA DEL NUEVO MUNDO

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 3 de octubre de 2021 No. 1369