Por Raúl Espinoza Aguilera

Con cierta frecuencia nos encontramos con personas que nos dicen que en su trabajo cotidiano experimentan aburrimiento, monotonía, rutina, pereza y ante un resfriado, un ligero desajuste estomacal o una pequeña desvelada dejan de ponerle intensidad a su actividad y comentan que no saben cómo superar esos obstáculos.

Conviene recordar que la personalidad humana posee razón y fuerza de voluntad al igual que los sentimientos. Es verdad que los estados de ánimo pueden ser volubles y tener altas y bajas, pero la fuerza de voluntad es la que debe imperar para vencer dichas dificultades. Por ello, hay que decidirse a enfrentar esa pasajera desgana con fortaleza y determinación, porque como dice el proverbio chino: “son meros tigres de papel”.

El célebre político inglés, Winston Churchill toda su vida padeció de una fuerte depresión nerviosa a la que denominó “su perro negro”. Pero comenta que en cuanto comenzaba a escribir un discurso o a redactar un artículo para la prensa o un nuevo capítulo para su próximo libro, recobraba la ilusión y terminaba bien su día. Satisfecho se decía así mismo: “Hoy he vencido a mi perro negro”.

Los trabajos que nos parecen arduos para poder realizarlos y que imaginamos que son como una especie de montaña, en cuanto nos concentramos en irlos resolviendo uno a uno, con paciencia y serenidad, nos damos cuenta que no son tan difíciles de resolver como inicialmente no daba esa impresión.

Al comenzar el día, conviene trazar un pequeño plan de los quehaceres prioritarios a realizar porque hoy en día es muy fácil evadirlos con tanto distractor. Si no se sabe enfrentar lo que es prioritario y se pospone lo importante un día y otro día, de poco habrán servido esas jornadas.

¿Y los asuntos muy urgentes? Lo muy urgente debe de esperar porque una decisión precipitada puede llevarnos fácilmente a equivocarnos y podría tener serias consecuencias para la institución donde se labora. Dicho en otras palabras, esos asuntos conviene estudiarlos con calma para proponer la solución más acertada.

También en el trabajo debemos de ponernos metas realistas y optimistas porque caminar sin metas es como “tirar golpes al aire”. Una meta es un camino trazado, pensado y bien reflexionado.

Otro aspecto destacado en el trabajo consiste en aprovechar bien el tiempo, viviendo en primer lugar la puntualidad para rendir al máximo. Por otra parte, nos encontramos con “minutos heroicos” que debemos de vivir durante el día. Tanto al momento de iniciar la jornada como al concluir a tiempo para atender a la propia familia, que es otro importante trabajo que tenemos entre manos para dedicar el tiempo necesario a la esposa y a la atención de los hijos. Con ella, escucharla y cambiar las impresiones del día; ayudar a los hijos en sus tareas escolares; contribuir en las labores cotidianas del hogar. Otro “minuto heroico” es aprender a ir a descansar a la hora conveniente, de tal manera que se duerma el tiempo necesario para comenzar el día siguiente con nuevos bríos. En medio de todo, imprimir alegría y buen humor a nuestra labor diaria, de tal manera que se desee retornar con ilusión para sacar adelante las metas planeadas y contagiar de esa visión positiva a los colegas de la oficina. Con este enfoque, el trabajo jamás se considerará como un “peso insoportable” que hay que cumplir, sino como un gustoso quehacer que nos llena de entusiasmo y satisfacción.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 24 de octubre de 2021 No. 1372