Por Nelly Sosa

Alguien me dijo esta semana: “Es que yo no soy perfecta”, y quiero compartirte sobre eso porque, sentirnos inadecuadas para acercarnos a Dios es un terrible mal que nos priva de sus gracias y que no nos deja avanzar en nuestro camino de diaria conversión.

Esta semana fui a una cita y la verdad llegué un poco con mis reservas, había sido un día retador con temas de homeschool, pensé en cancelar, pero al final fui.

Me recibió una joven, asistente del doctor y me sorprendió que me preguntó si tenía hijos, de dónde era, terminamos hablando (precisamente) de homeschool y me preguntó qué tan difícil era educar en casa.

Fue bien curioso, porque la breve plática que entablamos me hizo recordar todo el camino que he recorrido y lo bendecida que soy en un día que necesitaba un poco de ánimos.

Ella por su parte me contó sobre sus deseos de casarse y su temor de que ese momento no llegara y que ella era católica, pero que ya no era practicante porque que no era perfecta (para poder seguir todas las reglas del catolicismo).

Le compartí cómo me veía a mí misma en mis 20’s reflejada en su historia, le dije que invitara a Dios a su vida y sentí en mi corazón el impulso de dejarle la oración de la Coronilla de la Divi- na Misericordia.

¿Te has sentido como ella? ¡Por su supuesto que yo también! Todos los días…

Siendo católica, yo tampoco soy perfecta, tengo muchísimas fallas y heridas que sanar que con frecuencia proyecto sin querer a quienes más amo.

Pero ahí es donde trabaja Jesús a través de los sacramentos y de su Palabra. En nuestro dolor, en nuestras faltas, ahí es donde su gracia se mueve para renovarnos y seguirnos llamando a diario a la conversión.

Éste encuentro me hizo también pensar lo que Dios nos dijo a través de uno de los Evangelios de esta semana: que su Reino ya está aquí.

Amiga, no podemos quedarnos calladas, al pensar que no hay nada que podamos hacer en charlas (que parecieran) casuales porque siempre hay alguien que necesita escuchar su mensaje, uno pone la semilla, ya Dios hará el resto.

Qué grande es su Amor que cuando uno se siente con pocos ánimos, Él siempre sale al encuentro a través de quien menos te lo esperas o cuando más imperfecto te crees, Él te extiende una sutil invitación para que descanses en su Misericordioso Corazón.

¡Gracias Señor! Estás en todo y en todos.

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Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 26 de diciembre de 2021 No. 1381

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