Por P. Eduardo Lozano / Desde le fe

ESTE LUNES -11 de julio- la NASA presentó la primera imagen a todo color captada por el telescopio espacial James Webb desde el privilegiado punto en donde fue colocado en febrero pasado, y hoy retomo lo publicado el pasado 9 de enero y que dice así:…

GLORIA IN EXCELSIS DEO, así –en latín- sigue resonando en mi corazón el himno que iniciaron los ángeles aquella noche de Belén, y que ahora parece que siguen haciendo resonar científicos de todo el mundo con el telescopio espacial nombrado “James Webb”…

LANZADO AL ESPACIO el día 25 de diciembre (¡qué bella coincidencia!, como si se tratara de un regalo programado al Niño Dios), transcurrieron “15 días de terror”, es decir, de los mayores riesgos durante el proceso de lanzamientos y puesta en órbita…

DESDE ENTONCES, los científicos se mantuvieron a la expectativa de lo que encontrarían explorando el universo, pues aunque tenían sus previsiones, siempre causan sorpresa los datos que se recaban; lo que hemos podido ver este día en que la NASA publicó la primera imagen a todo color captada por el telescopio, fue como ver directamente el regalo que ya se esperaba pero que la envoltura todavía impedía contemplar con toda claridad…

TENGO LA ABSOLUTA certeza (y no es torpe presunción, te lo aseguro) de que –en el fondo- se encontraron con tres cosas a las que todos -¡todos!- tenemos acceso con apenas abrir un poco el entendimiento y otro poco más el corazón, tres elementos que todos -¡todos!- necesitamos y que Dios ha puesto al alcance de la mano…

LOS MAGOS DE ORIENTE -bien sabes y recuerdas- ofrecieron sus dones a Jesús Niño: oro, incienso y mirra, y con tales dones quiero relacionar lo que modernos magos con sus telescopios espaciales encontraron al ver el cielo lleno de estrellas; nada menos que la belleza, la grandeza y la verdad que Dios ha puesto en la creación…

DIGAMOS QUE EL ORO refleja la belleza que el ser humano ha buscado de tantos modos y que encuentra en la simpleza de una flor silvestre o en la blancura de la Antártida, que también construye e inventa en una poesía o en la espectacular arquitectura de –por ejemplo- el Taj Mahal, o la belleza que se genera en una caricia auténtica o en el encuentro fortuito de dos amigos sinceros…

DIGAMOS QUE EL INCIENSO refleja la grandeza misma de Dios, la solemnidad del templo, el ambiente de oración, el perfume de la alabanza; hay que marcar la diferencia que existe entre algo que es grandote y algo que es grandioso, pues el asunto no es de dimensiones sino de apreciaciones, pues semejante grandeza hay en la arquitectura del ADN, que en la plegaria de todo un pueblo que implora la paz…

DIGAMOS QUE LA MIRRA refleja la verdad que nos aprisiona felizmente en la objetividad de los hechos, que nos amarra a la dulce fragilidad de nuestra propia carne, que nos hace gravitar a la tierra de donde salimos y a la cual volveremos; sí, la mirra se utilizaba para sanar heridas y para embalsamar a los muertos, y ahí está nuestra última verdad en este mundo…

AL ABRIR LOS OJOS y buscar la luz original, el telescopio espacial –colocado a 1,5 millones de kilómetros de nuestro planeta- nos hace volver a encontrar la grandeza que Dios puso en este universo bendito, y que también plasmó en nuestra inteligencia, siempre sedienta y hambrienta de conocer, de investigar, de crear y recrear…

COMO UN OÍDO perfectamente atento, lo que hoy capta el James Webb concreta la belleza que sigue resonando desde el origen del universo y que está ahí, en el extensísimo espacio, en el obscuro silencio, en el movimiento de galaxias, nebulosas, y toda clase de astros, ya en su conjunto o ya en solitario (¡no!, ningún astro está solito, todos son parte del universo); y si así de bella es la creación, mucho más es Aquel que la creó…

LA NARIZ NOS PERMITE respirar y oler; también así comparo el aparatito que costó mucho más de los 10 mil millones de dólares, pues no se puede tasar en dineros el talento y esfuerzo de tantos que –en nombre de toda la humanidad- siguen buscando la verdad, como quien necesita el oxígeno, como quien necesita percibir el gratísimo olor de la realidad dicha en el salmo 8: “Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, me pregunto ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?”…

ET IN TERRA PAX HOMINIBUS, ¡exacto!, “y en la Tierra paz a los hombres”; te suplico, amable lector, que te sumerjas un ratotote en la oración y que ahí le pidas a Dios que todo el progreso humano se encamine a su gloria y a nuestra paz, que tanto necesitamos por encerrarnos en la miopía de nuestras ambiciones, indiferencias y torpes omisiones…

 

El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México.

Publicado en Desde la fe

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