PREGUNTA DE NIÑOS

Desde que Cristo fundó la Iglesia, a quienes la encabezan se les ha llamado en la Biblia con el nombre de pastores, o bien de diáconos, presbíteros u obispos, según el grado que tengan; pero en ningún lado se ve que diga “el padre Pedro”, “el padre Juan” o “el padre Pablo”.

Fue más bien con el tiempo que se les llamó así dado que entre el sacerdote y los fieles cristianos se establece una relación espiritual muy parecida a la paternidad humana, ya que la misión de un presbítero es comunicarles la vida espiritual, protegerla y alimentarla, tal como hace un papá en casa con sus hijitos.

Jesús nos enseña que, “cuando un maestro en religión ha sido instruido sobre el Reino de los Cielos, se parece a un padre de familia” (Mateo 13, 52).

San Pablo habla de sí mismo como un padre espiritual, cuando dice: “No les escribo esto para avergonzarlos, sino para darles un consejo, como a mis propios hijos, pues los amo. Pues, aunque ustedes, como cristianos, tengan diez mil instructores, padres no tienen muchos. Padre de ustedes soy yo, pues les anuncié el Evangelio por el cual quedaron incorporados a Cristo Jesús” (I Corintios 4, 14-15).

Y san Juan se dirige a los fieles cristianos diciéndoles: “Hijitos míos” (I Juan 2, 1).

Los sacerdotes renuncian a casarse y a tener sus propios hijos para así ser padres espirituales.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 21 de agosto de 2022 No. 1415

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