El doctor José María Simón Castellví es presidente emérito de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC). Aceptó esta entrevista con El Observador realizada para guiar el pensamiento de los católicos frente a una práctica -la práctica médica-que tiene enormes contenidos espirituales.

Por Jaime Septién

¿Qué debe diferenciar a un católico médico de uno, digámoslo así, secular?

Existen diferencias que no se ven a simple vista, aunque como el rostro es el espejo del alma, el católico fervoroso que es médico mostrará paz, serenidad y profesionalidad. No sé si es bueno comparar públicamente médicos de distintos credos o increyentes, pero pienso en mí mismo y en tantos compañeros y puedo decir que nosotros somos mejores que si no tuviéramos a Dios siempre presente en nuestras vidas.

 

¿Cómo ejerce su fe el médico católico?

Bueno, el médico católico también reza por sus pacientes vivos o difuntos, y los ve como hijos queridos del Padre. Somos conscientes de que formamos parte del Plan B de la Creación. Al principio, el Creador no quería ni enfermedad ni muerte para los humanos. De hecho, nuestros primeros padres, Adán y Eva, no enfermaban, ni sufrían, ni se aburrían. Todo esto entró en la humanidad por su pecado, instigado por el tentador. El Plan B para con los humanos se basa en la Encarnación, Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, el Hijo de Dios.

Como complemento para paliar las enfermedades, Dios ha querido a los médicos y a los demás profesionales sanitarios.. Para prevenir, curar, aliviar, consolar, rehabilitar. Y nos ha dejado en la naturaleza, en las leyes físicas que Él ha hecho, recursos para curar.

¿Qué puede hacer un católico médico si es obligado a llevar a cabo prácticas como la eutanasia o el aborto, que se oponen a su fe?

Cualquier médico ya debería ver que tanto el aborto procurado como la eutanasia forman parte de la antimedicina. El médico debe siempre respetar la vida naciente y consolar a la vida saliente; nunca eliminarlas. Si no podemos cambiar las cosas, que siempre se debe intentar, al menos nos queda la objeción de conciencia.

¿Cómo abordan ustedes el tema de la excelencia médica?

El beato catalán doctor Pedro Tarrés Claret decía, y estoy absolutamente de acuerdo con él, que no se puede ser un buen católico y un medicucho que no se sigue formando. Debemos adquirir toda la formación científica que podamos, a la vez que nos nutrimos de la Palabra de Dios, de la oración, de la eucaristía y de los escritos de nuestros colegas santos.

¿Qué hacen ustedes para mantenerse unidos en la fe y en la práctica médica?

Los médicos católicos asociados organizamos congresos, simposios, jornadas, charlas, editamos revistas, páginas de internet, consultamos con otros colegas médicos. Y participamos en los encuentros de las sociedades científicas y academias seculares, ya que la Medicina es la Medicina. No existe una Medicina católica. Hay, eso sí, médicos que son católicos que, como es natural respetarán el comienzo, la transmisión, el transcurso y el final natural de la vida humana.

¿Cuáles son los “no” y los “sí” de su ejercicio profesional?

No practicamos abortos, eutanasias, ni damos anticonceptivos ni participamos en la reproducción artificial. Y apostamos decididamente por la regulación natural de la fertilidad o por los cuidados paliativos. Es cierto que hay procedimientos que no practicamos y otros que defendemos. Pero, en general, nuestro ejercicio profesional se parece al de los demás (de hecho, somos los demás…), poniendo profesionalidad y cariño.

Como pacientes católicos, ¿crees que debemos elegir a un médico por su fe?

La cuestión de si se debe escoger a un médico por su fe es muy delicada. Es cierto que algunas especialidades como la ginecología o la psiquiatría requieren de una cierta identificación del pensamiento médico-paciente. Sin embargo, en general, yo optaría por la libertad: buscar, si se puede, un buen profesional que sepa respetar las creencias de sus pacientes. Y que les dedique tiempo.

¿Qué es necesario para ser un buen católico y un buen médico?

El clásico ora et labora. Es decir, poner toda nuestra confianza en Dios y en los medios que nos ha dado para santificarnos, toda vez que nos preparamos cuidadosamente cada día para ejercer la profesión de la mejor manera técnica posible.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 22 de octubre de 2023 No. 1476

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