Por Mary Velázquez Dorantes

Juan Diego Cuahtlatoatzin, el gran santo que debemos imitar hoy. El llamado confidente de la dulce Señora del Tepeyac, el hombre de fe, quien un 9 de diciembre caminaba a pie hacia Tlatelolco, cuando en el camino vio a la Madre del verdadero Dios y a quien Ella le encargó la construcción de una iglesia en el lugar donde ser apareció. ¿Qué puede el mexicano de hoy imitar de este indígena? ¿Cómo es que su figura nos puede acercar a Dios y a su Madre? Razones sobran, porque el mexicano debe encontrar en esta figura al ser más conmovido por la figura de la Madre del Dios vivo, pero además la gran devoción que puso en Ella. San Juan Diego nos enseña el valor de la fe, la confianza, pero también el ser peregrino, el saber orar y tener un corazón abierto. San Juan Diego nos representa a todos, al pueblo indígena que reconoció el Evangelio y al corazón del hombre humilde. El contexto histórico para este santo era desafiante y no por ello desistió de su misión, hoy también nosotros podemos ser como él.

SER MENSAJEROS

El mexicano de estos tiempos tiene grandes virtudes que aprender de San Juan Diego, una de ellas es ser mensajero de la Virgen, anunciar el Evangelio a todos aquellos que no lo conocen, a dar testimonio de la presencia de la Virgen en la vida de todo católico; a comunicar el mensaje con perseverancia a pesar de los contextos y las adversidades. Imitar la imagen de San Juan Diego nos enseñará a aprender de los nuevos tiempos, porque la Madre de Dios no abandona pese a las circunstancias. En la figura de este mensaje vamos a encontrar también tristeza y miedo, pero al mismo tiempo voluntad y obediencia.

SER PIADOSOS

San Juan Diego pertenecía a una comunidad chichimeca llamada macehuallli, trabajaba la tierra y fabricaba mantas. Era un hombre humilde y en la escala social estaba solo por arriba de los esclavos. Luego de que la Virgen se le apareciera su fe fue tan fuerte y sólida, que a través de actos cotidianos se le observaba como un hombre piadoso. Aprendía la catequesis, asistía a misa, era obediente. Su situación no lo hacía sentirse limitado, su corazón sencillo evidenciaba el fervor por la Virgen de Guadalupe y por su mensaje.

SER COHERENTES

Todos somos llamados por Dios, todos somos elegidos de Dios, ¿qué vio entonces en este indígena el Señor para que sus ojos vieran a su Madre? La coherencia de su actuar, puesto que la personalidad de san Juan Diego es de fidelidad a la voluntad divina. Su estilo de vida estaba alineado con el Evangelio. Sus intereses estaban movidos por los intereses de Dios y supo responder a ellos dice el Nican Mopohua. Se trata de un ejemplo de fidelidad, perseverancia por las cosas espirituales. Era un hombre comprometido con los sacramentos, con el ayuno, la penitencia y la disciplina. Su condición de seguidor de Jesús era evidente. Era el discípulo dispuesto a entregarse a su Señor.

SER PEREGRINOS

El alma de San Juan Diego era mariana y peregrina. Nos escena a estar junto a la Señora del Cielo para aprender a servir. Contempló a la Virgen y fue obediente a las instrucciones. Subió al cerro y cortó diversas flores ¡Quedó pasmado al verlas! Luego bajo y las llevó al obispo. Aquí es donde nos enseña la gran hazaña de saber peregrinar bajo la compañía de la Virgen de Guadalupe. Era un orador de la gran historia que había vivido y no se cansaba de narrarla. Fue testigo de la santidad y la grandeza sin límites.

Hoy, también podemos ser como San Juan Diego, la Madre de Dios también puede habitar en nuestro corazón. Seguir sus pasos y dejarnos guiar por la Señora del Cielo es la principal tarea para empezar a ser los nuevos san Juan Diego. También nosotros podemos encontrarnos con la Doncella revestida de sol.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 10 de diciembre de 2023 No. 1483

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