Por Andrea Tornielli – Vatican News

El cardenal secretario de Estado Pietro Parolin, inmediatamente después de la masacre perpetrada por los terroristas de Hamás el 7 de octubre de 2023 contra pacíficas familias israelíes, había definido «inhumano» ese ataque. Había indicado como prioritaria la liberación de los rehenes, hablando también del derecho a la defensa de Israel e indicando el necesario parámetro de la proporcionalidad. El martes 13 de febrero, al término de su encuentro con las autoridades italianas, con motivo de la reunión anual para celebrar los Pactos de Letrán, Parolin dialogando con los periodistas usó palabras inequívocas sobre lo que está ocurriendo en Gaza. Reiteró la «condena neta y sin reservas de todo tipo de antisemitismo», pero al mismo tiempo reiteró su «petición de que el derecho a la defensa de Israel que ha sido invocado para justificar esta operación sea proporcionado y ciertamente con 30,000 muertos no lo es». El cardenal añadió: «Creo que todos estamos indignados por lo que está sucediendo, por esta carnicería, pero debemos tener el valor de seguir adelante y de no perder la esperanza». Una invitación a no dejarse llevar por el desánimo, por la presunta inevitabilidad de una espiral de violencia que nunca puede ser un presagio de paz, sino que desgraciadamente corre el riesgo de generar nuevos odios.

Entrevistada por Il Fatto quotidiano, también la escritora y poeta Edith Bruck – que en la primavera de 1944, a la edad de trece años, fue capturada en el gueto húngaro de Sátoraljaújhely y deportada a Auschwitz – expresó posiciones similares. Dirigió críticas severas contra el actual Primer Ministro israelí, afirmando que «ha perjudicado a los judíos de la diáspora porque ha reavivado el antisemitismo que nunca ha desaparecido y que ahora ha aumentado». Bruck añadió su convicción de que nunca se eliminará a los terroristas con esta política.

Aquellas del cardenal y de la poetisa judía son palabras dictadas por una visión realista del drama en curso. Para la Santa Sede, la elección de campo es siempre por las víctimas. Y, por tanto, por los israelíes masacrados en los kibutzim cuando se disponían a celebrar el día de Simchat Torá, por los rehenes arrancados a sus familias, como por los civiles inocentes – un tercio de los cuales son niños – asesinados por los bombardeos en Gaza. Nadie puede definir lo que está ocurriendo en la Franja como un «daño colateral» de la lucha al terrorismo. El derecho a la defensa, el derecho de Israel de llevar ante la justicia a los responsables de la masacre de octubre, no puede justificar esta carnicería.

En el Ángelus del pasado 17 de diciembre, tras el asesinato de dos mujeres cristianas refugiadas en la parroquia de Gaza, el Papa Francisco había dicho: «Civiles indefensos son objeto de bombardeos y disparos… Alguien dice: “Es el terrorismo, es la guerra”. Sí, es la guerra, es el terrorismo. Por eso la Escritura afirma que “Dios elimina la guerra hasta los extremos del mundo; rompe el arco, quiebra la lanza” (cf. Sal 46,9). Roguemos al Señor por la paz». Al comienzo de la Cuaresma, mientras continúa el macabro recuento de víctimas inocentes, esta llamada se hace aún más insistente, para invocar el cese de las armas antes de que sea demasiado tarde para nuestro mundo al borde del abismo.

Vatican News

Imagen de Daniel Reche en Pixabay


 

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