Por P. Prisciliano Hernández Chávez, CORC.

Para aquellos que desean conocer a Jesús, Jesús mismo les presenta el misterio de su Pascua: ‘ha llegado la horade que sea glorificado el Hijo del hombre’( Jn 12, 23): su pasión dolorosa cuyo culmen es la crucifixión, su entrega plena al amor del Padre y su resurrección. Son dos aspectos, el inicial y su culminación, de la misma glorificación del Hijo. La gloria, -el kabod de Dios, llega a su máxima expresión en la entrega total, que a la vez oculta y es la máxima presencialización del amor de Dios en Cristo Jesús a través de su humanidad santísima. Ocultamiento y epifanía. Deben de estar unidos tanto su inmolación en la muerte de Cruz como su resurrección. Este es el misterio de la glorificación del Hijo por el Padre. Con su inmolación y su Corazón traspasado se convierte en el mitente del Espíritu Santo; diríamos da paso a la misión del Espíritu Santo. Su sí al Padre en la muerte de Cruz, por su humanidad inmolada, entrega el Amor del Padre y del mismo Hijo, que es el Espíritu Santo.

El discípulo de Jesús debe solidarizarse con él, en el misterio de la Cruz para poder participar del Triunfo de Jesús. El aparente fracaso es el principio de la Victoria. El trigo si muerte en la tierra, da fruto abundante.

Jesús no solo posee un amor divino, sino tiene sentimientos humanos que son el vehículo de su amor divino. Ahí está lo insondable de su amor y lo insondable del amor divino. A través del Crucificado de Corazón traspasado podemos acceder al amor mismo de Dios, a su misma ser divino-amor.

Él experimenta la soledad, el miedo, la impotencia; esto significa que acepta el peso de la Cruz. Es una pasión dolorosa que nos introduce a la pasión de Dios que se ha revelado, no el Dios de Aristóteles impasible. Por eso Orígenes nos señala que Dios ‘sympasxein’, es decir, que Dios ‘consufre’ con nosotros. La expresión de su amor divino, expresado en el amor humano del drama del dolor y el sufrimiento.

Este camino de la Pascua, es el camino que Jesús muestra a sus discípulos; no hay otro. Así debe de seguirlo, si quiere ser su discípulo. De aquí para encontrar la paz y la salvación no bastan las estrategias humanas. Todos opinamos sobre los caminos de la paz; lo que se debe de hacer. Pero no basta nuestro esfuerzo humano que por supuesto es necesario; necesitamos participar de la Pascua de Jesús, con él, en la entrega total que implica sufrimiento, para que obtengamos la Victoria.

El Crucificado es la manifestación suprema del misterio de Dios Amor.

El amor de Jesús nos introduce en su misterio insondable para amar con pasión como él y desde él. Él nos hace sensibles y vulnerables al dolor de nuestros hermanos y de la humanidad doliente. Si se vive la vida con Jesús, no se puede ser indiferente ante el dolor y el sufrimiento de los demás.

Seguir a Cristo en la Cruz y con la Cruz de Cristo; morir con Cristo, es el único modo apasionado de entregar la vida con él en rescate por todos. Así se conoce y experimenta el Amor insondable del Dios vivo y verdadero.

 
Imagen de Quang Le en Pixabay


 

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