El sábado 15 de marzo en la Catedral Metropolitana, Mons. Francisco Javier Acero, O.A.R., obispo auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México, presidió la celebración eucarística por los desaparecidos y la violencia que impera en el país. En su mensaje dirigido a las familias buscadoras, les ofreció disculpas en caso de haberse encontrado con pastores que muestran indiferencia y falta de empatía, y les pidió seguir siendo faros de esperanza en la sociedad, así como mantener el diálogo en tiempos ideológicos y bélicos. A continuación, reproducimos de manera íntegra la homilía de Mons. Acero, en un día considerado de luto nacional:
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Perdón por la falta de empatía
Nos reúne y nos convoca a todos en esta Catedral el dolor de las familias que sufren la desaparición de algunos de sus miembros. Este dolor hermanos no se resume en números, porcentajes, en ruedas de prensa, notas, escritos, comunicados, este dolor es sagrado.
Quiero pedirles disculpas si en algunas de las declaraciones de algunos de nuestros líderes ha primado más la teoría que la práctica de la escucha empática, el protagonismo para el carrerismo antes que el abrazo para contener la rabia y el dolor. Si en algún pastor no han percibido la empatía para escuchar su rabia y su dolor.
Las madres buscadoras, hoy convertidas en familias buscadoras, los desaparecidos, son los verdaderos protagonistas de esta Eucaristía y de este encuentro de oración con las diversas iglesias. Se lo he dicho personalmente y en público: si en algún momento hemos sido indiferentes a sus historias como pastores, les pido perdón.
No podemos callarnos ante esta realidad lacerante. No tengamos miedo para acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto, que al final se resume en el verbo “dialogar” con todos los actores sociales que sufrimos este drama.
Para encontrarnos y ayudarnos mutuamente necesitamos dialogar. No hace falta decir para qué sirve el diálogo. Pensemos juntos qué sería el mundo sin ese diálogo paciente que vamos teniendo mensualmente desde el eje interreligioso.
El diálogo persistente y corajudo no es noticia como los desencuentros y los conflictos, pero ayuda discretamente al mundo a vivir mejor, mucho más de lo que podamos darnos cuenta. Y a trabajar en red desde la Iglesia con sus dimensiones.
El horror no nos puede paralizar
Lo que ha ocurrido en Teuchitlán es una prueba de nuestra indiferencia social provocada por el miedo de cuidar al hermano que se encuentra solo y desamparado.
Nuestra solidaridad con el párroco el p. Jesús Gustavo Navel Mora y con el pueblo de Teuchitlán y esos pueblos donde hay miedo de hablar e informar a la autoridad.
No podemos permitir campos de exterminio en ningún lugar del mundo porque son frutos de negligencias y complicidades sociales.
Hoy el libro del Deuteronomio nos recuerda salir más allá “acatar y cumplir con todo el corazón y con toda el alma” el amor a los hermanos. Todos los días, cada mañana hay hermanos nuestros que se levantan con la esperanza de encontrar a sus hijos en alguna fosa clandestina.
Esta monstruosidad no puede quedar impune, indiferente, silenciada en carpetas de investigación, en cuerpos abandonados… ¿Qué nos pasa hermanas, hermanos? El horror no nos puede paralizar, el amor nos pone en marcha.
El papa Francisco siempre nos anima “a seguir con entusiasmo siendo artesanos de la paz, a pesar de la presencia en el tejido social – e incluso eclesial- de algunas zonas grises en las que es difícil percibir el claro distanciamiento de viejas formas de actuar, erróneas e incluso inmorales”.
Sé que entre nosotros hay personas que caminan, luchan y trabajan cumpliendo la voluntad del Señor como hemos proclamado en el Salmo. Ellos son esos agentes invisibles de la paz que nos hacen ver que la convivencia fraterna y la amistad social son posibles.
Son esas personas que ponen en práctica el pacto entre generaciones “preservando sinodalmente las ‘sanas raíces’ de quienes han creído y creen en la belleza de estar juntos, en el diálogo, en la bondad y en el apoyo a la justicia para todos”. Siempre animados por el fermento de la igualdad, la justicia y la fraternidad.
“No podemos hacerlo solos”
Necesitamos católicos en la vida pública del país que actúen como suaves y fuertes anticuerpos contra los intereses creados, la corrupción, la codicia y la violencia que son el ADN de esta mafia que quiere imponer sus ideas a través del plomo.
Hoy el evangelio nos invita a tener una actitud de reconciliación y paz. Amar a nuestros enemigos. El lenguaje de odio que hemos creado en ciertos lugares de liderazgo nos ha hecho polarizarnos. Bajemos la intolerancia y el insulto en los lugares donde se aprueben leyes. La dignidad humana no es de mayorías ideológicas, es un derecho humano que no debe ser pisoteado por nadie.
Nuestra llamada a todos los actores del país: políticos, empresarios, lideres sociales y religiosos para que no usemos un lenguaje agresivo, un lenguaje ofensivo hacia los demás, porque ahí es donde –nos recuerda el Señor –que comienza la guerra: cuando escuchamos y pronunciamos palabras de desprecio, aversión y odio hacia los demás.
Aquí es donde se empiezan a escuchar los ecos de plomo, acallando los ecos de oro de tantos hermanos nuestros que luchan por hacer el bien.
Pasemos de la lógica de la confrontación a la de la benevolencia, empezando precisamente por aquellos que están contra nosotros, a quienes quizás consideramos nuestros enemigos. La oración, en este sentido, nos ayuda a “reconocer humildemente que no podemos hacerlo solos”, que “necesitamos la ayuda de los demás” y “una mano amiga desde arriba”.
Oremos pues por estas familias buscadoras, por sus familiares desaparecidos, y tengamos presente que orar ante la situación de violencia que vivimos puede ser un primer paso para hacernos más sensibles. Recuerden hermanos: Orar es acción.
La oración y vigilia que hoy estamos haciendo deja claro “que cada vez que el Señor nos pide algo, no nos pide algo imposible, sino que Él mismo es el primero en dárnoslo, pone a nuestra disposición los medios para realizar su Palabra”. Dios dona amor y benevolencia hacia el otro, por lo que se trata de «abrir el corazón para acoger un don, incluso antes de ejecutar un mandato».
Artesanos de paz
En el evangelio hoy Jesús nos habla de amar a los enemigos.
Nuestro primer enemigo está dentro de nosotros cuando nace la indiferencia, cuando queremos imponer las ideas, cuando nos olvidamos de los compromisos privados y públicos. La falta de palabras, entendidas como diálogo, y de la abundancia de malas palabras. El origen de los sentimientos de odio, de hostilidad nacen de las historias personales que se arrastran y se traducen hacia los demás.
Hago un llamado a todos los sectores sociales para abrirles la puerta a estas familias buscadoras y las tragedias que viven. Hago un llamado a las autoridades a escuchar a las víctimas. Eso es lo que hoy nos piden. Ojalá todos tomáramos un pico y una pala y nos fuéramos a buscar con ellas, pero si no podemos hacerlo, atendamos al menos la primera demanda que nos hacen, que es “escúchenos”.
Hoy el Señor nos invita a mancharnos las manos para ser artesanos de la paz, a mirarnos con la misma ternura y misericordia de Dios y ayudar las familias que viven estas guerras de desaparición y tortura en todo el país. La llamada a la paz desde la no violencia la lanzamos desde esta Catedral a todos los habitantes de nuestro querido México.
Para aquellos que han elegido el camino del mal y están afiliados a organizaciones criminales renuevo la apremiante invitación a la conversión. ¡Abran su corazón al Señor! ¡Abran su corazón al Señor!
Por el amor de Dios entiendan que no se puede matar inocentes. Dios dijo una vez, ‘No matarás’. Y esa es palabra viva.
¡El hombre, cualquier organización humana, las mafias criminales, no pueden matar ni pisotear este derecho santísimo de Dios, que es de la vida de cualquier ciudadano, piense lo que piense!
A todas las personas que trabajan en organizaciones criminales: ¡Por favor, cambien de vida, conviértanse, dejen de hacer el mal! Nosotros rezamos por ustedes: conviértanse. Lo pido de rodillas. Es por su bien”.
El evangelio de hoy termina con ese deseo de perfección, que lo único que pide es que primereemos el amor de Dios en nuestras vidas. Ayudennos a primerear el amor de Dios en nuestras vidas, en la familia, la vecindad, la colonia. Generemos una amistad social con capacidad de escucha y amabilidad hacia todos, sin ideologías. Hoy desde esta Catedral me uno a mis hermanos obispos de México en este grito al que nos han convocado: ¡Basta ya! de tanta muerte injusta.
Que este día, de vigilia y oración en la plaza más importante de nuestro país, en el Zócalo de la Ciudad de México, lo instauremos como un día dedicado a las víctimas de desaparecidos: con una vela, unos zapatos, nosotros desde nuestra dimensión de creyentes con esta Eucaristía.
Queridas familias buscadoras, gracias por demostrarnos que el amor es capaz de convocar, dialogar y abrazar en tiempos ideológicos y bélicos. Gracias por hacernos pastores en medio del Pueblo de Dios, y quiero expresarles algo que estoy viviendo en este año: la esperanza no defrauda. Sigan siendo faros de esperanza. Dios con su pueblo las acompañamos.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 23 de marzo de 2025 No. 1550