Por Arturo Zárate Ruiz

A muy pocos emperadores y reyes se les otorga el título de “Magno”, como ocurre con Alejandro de Macedonia, Carlo de Francia y Catalina de Rusia.  Es así por su muy destacado rol en la guerra o el buen gobierno.

Del mismo modo ocurre con algunos papas.

Sobre san León I, fue un romano aristócrata y el primer Papa en haber sido llamado “el Grande”.  Es un Doctor de la Iglesia, más recordado teológicamente por publicar el Tomo a Flaviano, un documento base para el Concilio de Calcedonia, el cuarto concilio ecuménico, donde se aclaró la unión hipostática de dos naturalezas, divina y humana, unidas en una sola persona, “sin confusión ni división”, y quien así dejó aún más clara la autoridad papal. Se le recuerda sobre todo por convencer a Atila el huno en 452 de que retrocediera de su invasión de Italia. Este hecho tuvo una gran importancia simbólica ya que, aunque el Imperio romano seguiría existiendo hasta 476, situaba como principal fuerza política de Europa a la Iglesia y no el Imperio. Unos años más tarde, en 455, en una situación similar, los vándalos de Genserico saquearon Roma, pero el papa consiguió que se respetara la vida de sus habitantes y que no fuera incendiada.

San Gregorio Magno fue elegido papa en 590.  Fue, por su firme doctrina, uno de los primeros cuatro Doctores de la Iglesia en Occidente. Promovió la evangelización de Inglaterra. Dictó las normas del canto sacro que de su nombre ha tomado denominación. Creó muchas obras de asistencia a los necesitados. Protegió a los judíos de la persecución. Cabe destacar el contexto de su gobierno de la Iglesia.  Roma quedó finalmente sin fondos porque los emperadores y aun senadores emigraron del todo a Bizancio.  Solo él poseía los recursos necesarios para asegurar la provisión de alimentos de la ciudad y distribuir limosnas para socorrer a los pobres. Para esto empleó los vastos dominios administrados por la Iglesia.  Pero los fondos serían aun así reclamados por los bárbaros.  Gregorio debió negociar con los lombardos, logrando que levantaran el asedio a cambio de un tributo anual de 500 libras de oro.  En cualquier caso, al promover la evangelización de Inglaterra, evitó la destrucción de los viejos santuarios paganos.  Ordenó mejor que se re-dedicaran a Dios.  Consiguió aliarse con los francos para defenderse de los lombardos.  Así, asumió el gobierno temporal de Roma que los emperadores y senadores habían despreciado.  Esa alianza facilitó el establecimiento en Francia de órdenes monásticas, las cuales influirían muy positivamente en la grandeza cultural medieval.

San Nicolás I, el Magno, guio la Barca de San Pedro del 858 al 867.  Destacó por su defensa del sacramento del matrimonio.  Lotario II, de Francia, quiso separarse de su esposa Teutberga, que no le había dado hijos, para casarse con Waldrada.  Lo apoya el clero franco que aprobó la anulación matrimonial en los sínodos de Aquisgrán y Metz, celebrados en 862 y 863 respectivamente. Nicolás responde amenazando a Lotario con la excomunión y deponiendo y excomulgando a los arzobispos de Colonia y Tréveris, al tiempo que declara nulos los concilios celebrados. De hecho, desde entonces los sínodos locales para ser considerados tales habrían de contar con la aprobación de Roma. Aunque Lotario II, con el respaldo de su hermano y emperador Luis II, sitia la Santa Sede, no dobla a San Nicolás, por lo que no progresa la anulación matrimonial del rey.  Sólo logra que los arzobispos destituidos vuelvan a sus sedes.

Un papa muy reciente que también goza del título de Magno es san Juan Pablo II.  Muchos tuvimos la bendición de aun verlo en persona, por ejemplo, cuando visitó Monterrey, él, sobre el Puente de San Luisito, hoy Puente del Papa.  Es muy destacado porque, todavía como arzobispo de Cracovia jugó un papel clave en el Concilio Vaticano II.  Como Papa, enriqueció el Catecismo de la Iglesia Católica, que aprobó en 1997.  Le tocó recibir, con penitencias, el tercer milenio de la cristiandad.  Jugó un papel clave en ponerle fin al Muro de Berlín y al comunismo, es más, en liberar las naciones sujetas a los soviéticos. Fue un gran defensor de la cultura de la vida, pues defendió a cada ser humano desde su concepción hasta el último estertor a la hora de la muerte.

Imagen de Ivan Vuksa en Pixabay

 

 


 

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