Por P. Fernando Pascual

La técnica permite aumentar las capacidades humanas. Con la técnica se trabaja mejor la tierra, se ordenan más ágilmente las informaciones, se levantan edificios más funcionales, se construyen armas más eficaces.

La técnica sirve para potenciar los deseos del hombre. Si antes un viaje a caballo podía durar varios días, con la técnica podemos realizarlo, cómodamente, en pocas horas.

Aquí radica un problema que surgió desde los albores de la humanidad: los actos libres se orientan al bien o al mal, a la justicia o al dominio arbitrario, a la solidaridad o al egoísmo.

La técnica aumenta el poder de esas acciones humanas. Un crimen podía cometerse, hace milenios, con una simple piedra o un hacha. Un crimen hoy puede ser llevado a cabo con una ametralladora “último modelo”.

El uso que hacemos de cada instrumento técnico depende, fundamentalmente, de la bondad o maldad de nuestros deseos. Ya los antiguos habían notado cómo un “fármaco” (una sustancia natural o fabricada) podía servir para curar a un enfermo o para asesinarlo…

Produce miedo constatar cómo el desarrollo técnico puede desembocar en instrumentos con un poder desorbitado que abriría espacio a usos catastróficos. Basta con recordar el potencial destructivo de las bombas atómicas…

Frente al peligro de un mal uso de los instrumentos tecnológicos, surgen propuestas de controlarlos, incluso de limitar su producción. Pero esas propuestas serán poco eficientes si no van a la raíz del problema: el corazón humano.

Solo cuando cada uno se abra al bien, a la verdad, a la justicia, al amor, podrá orientar correctamente sus decisiones, en lo pequeño o en lo grande. A veces lo hará con instrumentos técnicos poco poderosos, otras veces con aparatos de enorme poder, pero siempre con el deseo de promover aquello que sirva para el bien de todos.

La tecnología ha abierto y abrirá en el futuro nuevos horizontes que permiten potenciar aun más las acciones humanas, en lo bueno y en lo malo.

Por eso, deseamos que cualquier descubrimiento técnico quede enmarcado en una perspectiva ética que ayude a desactivar posibles usos peligrosos y a promover aquellos usos que lleven a mejorar un poco la vida de quienes vivimos ahora, y de quienes vivirán en el futuro, en el planeta tierra.

 


 

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