Por Cecilia Galatolo
La ciencia reconoce que el enamoramiento es una realidad diferente al amor. Una investigadora en el ámbito de la neurociencia, la doctora Brizendine, afirma: “Muchas personas piensan que perder la euforia romántica típica de las primeras fases del enamoramiento es un signo de que la relación se está deteriorando”. Respecto a esta idea, añade: “En realidad, podría tratarse de una fase de transición hacia una relación más importante y duradera, guiada por otros circuitos neurológicos.
Los científicos creen que “la red de apego” es un sistema cerebral diferenciado que sustituye la intensidad vertiginosa de la pasión por una sensación más duradera de placer, calma y pertenencia” (El cerebro de la mujer, Rizzoli, p. 100).
En referencia a esto podríamos añadir que en una relación son muchos los factores en juego, entre ellos la voluntad y la madurez afectiva de las personas involucradas, aspectos estrechamente relacionados con la calidad del amor. Además, no elegimos enamorarnos, pero elegimos cómo responder a nuestras emociones. Estas surgen en nosotros, a veces incluso nos sorprenden. El arte de amar, sin embargo, es otra cosa.
No basta enamorarse para amar
El término amor es uno de los más utilizados en el mundo, pero también uno de los más malinterpretados. De hecho, a menudo se utiliza esta palabra para referirse a realidades diferentes o con importantes matices/que tienen matices importantes.
Algunos creen que el concepto del amor es subjetivo, aunque tal vez sea más correcto decir que distintos sujetos tienen experiencias diferentes y, por eso, definen el amor de forma diferente, en base a lo que conocen.
Cuando se habla de amor en la pareja, hay quienes piensan que es una experiencia estrechamente relacionada a las emociones y los sentimientos que se experimentan. Sin embargo, si el amor se confunde con el concepto de “enamoramiento”, es muy probable que la relación termine, porque el enamoramiento, a diferencia del amor, es por naturaleza pasajero. Como explicaba el psicólogo Erich Fromm en su famoso tratado “El arte de amar (escrito en 1957, pero con contenidos siempre actuales), el amor no es la simple respuesta a una necesidad egoísta, sino que consiste en el arte de amar a alguien por sí mismo.
¿Sentir algo o dar la vida?
El amor se asocia a menudo al concepto de donación y de pertenencia. En este caso, no es solo una emoción que se experimenta, sino una elección. Amar no es, entonces, una condición pasiva que se sufre, sino un verbo que se conjuga en activo, es una decisión firme. Es decir, se elige donarse a otra persona. Sin embargo, para poder llegar a esta experiencia del amor, es necesario considerar que se trata de un camino y distinguir las fases o las distintas facetas que lo componen. Si aceptamos esta visión, aceptaremos que gustarse, enamorarse y amar son tres realidades diferentes.
El que habla del enamoramiento como si fuera el amor, corre el riesgo de amar más las propias emociones que a las personas con las que vive. Solo quien ha comprendido la diferencia entre enamoramiento y amor puede hacer una promesa auténtica que implique toda una vida, como el matrimonio. De hecho, se puede prometer amar, es decir, estar presente, dar la vida, independientemente de las emociones, mientras no se puede prometer sentir algo.
Entonces no podemos prometer que nuestro corazón latirá siempre de la misma forma. En cambio, podemos prometer que estaremos al lado de esa persona, en las buenas y en las malas.
Ir al ritmo adecuado
Para que la realidad del enamoramiento y la del amar se armonicen, es necesario sentar bases sólidas en una relación. Un matrimonio estadounidense, Jason y Crystalina Evert, que desde hace años se reúnen con miles de estudiantes de secundaria para hablarles sobre la afectividad, ponen este ejemplo: “Cuanto más alto es el rascacielos, más profundos deben ser los cimientos. Bajo el rascacielos más alto del mundo hay más de 100.000 toneladas de acero y cemento. Del mismo modo, las bases de una relación determinan su estabilidad. Si quieres construir un amor duradero, empieza por una larga amistad”. También sostienen que “la virtud del amor no es algo que les sucede a las parejas. Es un trabajo que dura toda la vida” (Cómo encontrar el alma gemela sin perder tu alma, pp. 53-54).
Artículo publicado originalmente en www.familyandmedia.eu
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 23 de noviembre de 2025 No. 1585





