Por José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista
Domingo I de Adviento
Cuando oímos la palabra «Adviento» nos preparamos porque algo importante, o una persona muy especial, viene a nosotros.
El Adviento, al que ahora nos referimos, es nada menos que la llegada de Dios para compartir la vida, la muerte y su triunfo final con todos nosotros.
Cada año renovamos la seguridad de que Dios ha entrado y está con nosotros y permanecerá hasta el final de los tiempos.
Isaías
El gran profeta tiene una visión maravillosa que se refiere al final de los tiempos y que la liturgia nos va a recordar durante este tiempo de Adviento:
En esa gran visión se revela que «al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor».
Y ve proféticamente cómo millones de seres humanos se acercan repitiendo: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas».
El mundo pacificado será testigo de que «las espadas se convierten en arados y las lanzas en podaderas».
Termina la cita con estas preciosas palabras: «Caminemos a la luz del Señor» y encontraremos la paz para la humanidad.
Salmo 121
Se trata de un salmo lleno de ilusión y de alegría, que rebosa felicidad: «¡Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!».
Después, descubre cómo la humanidad entera camina hacia esa casa que representa la paz que todos los pueblos desean y que se encuentra en Jerusalén.
En nombre de esa paz y de esa felicidad termina el salmo diciendo:
«Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien».
San Pablo
En su carta a los romanos descubre cómo tiene que ser la vida de quienes quieren encontrarse con Cristo: «Conduzcámonos… con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias».
Es una invitación a una vida maravillosa para lo cual el mismo apóstol nos pide: «Vestíos del Señor Jesucristo».
Verso aleluyático
Con uno de los salmos hacemos esta oración al inicio del Adviento esperando este fruto de la llegada de Dios a la humanidad:
«Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación».
Evangelio
El Evangelio que leemos hoy, en el ciclo A, pertenece a San Mateo y contiene estas palabras que permiten continuar el tema apocalíptico, al final del año litúrgico.
Jesús, refiriéndose a la llegada del Hijo del hombre (Jesucristo), dijo:
«Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio».
Algo así como ahora la humanidad vive totalmente de espaldas a Dios y a sus enseñanzas y es Jesucristo el que nos advierta a todos:
«Estad en vela porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor».
Con el evangelista, en este primer ciclo, terminamos pensando:
«Estad también vosotros preparados porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».
Recordemos con qué ansiedad los apóstoles preguntaban los detalles de la venida y cómo Jesús lo dejó todo en suspenso, para que estemos siempre bien preparados.
¡Feliz primer domingo de Adviento!





