Por Rebeca Reynaud

En 2025 hemos tenido una catarata de gracias, aparte de que no nos percatamos de muchas de ellas. Dios nos da mucho más de lo que merecemos. Queremos dar gracias para que no nos pase lo que pasó con los diez leprosos curados, que sólo uno volvió a darle gracias al Señor.

Ricardo Sada Fernández explica que podemos dar gracias por cada día, por la salud o la enfermedad, por las veces que hemos comulgado e ido a la Santa Misa. Es un modo en que Dios nos ama, nos alimenta, nos escucha y nos habla. Dios ha dispuesto que vayamos a su mesa, y la preparó con ternura, como su “sueño dorado”. Son 365 incursiones en su corazón e invitaciones a la unión transformante. Eso no tiene precio. Todos los tesoros del mundo no compran una sola comunión.

Nos llega un diluvio de gracias, cada día, del calvario, así lo ha dispuesto Dios. Es bueno anotar para saber qué pasa en mi alma, es saludable ser consciente de los beneficios recibidos. Al oír la voz de Dios hemos de guardar esas palabras como perlas preciosísimas.

Dar gracias, como Santa Bernardita, por los fracasos vividos, por las carencias, por el constante cansancio, por quien me vio como impostora, por la mala memoria que tuve. Te doy gracias porque si hubiera un niño más pobre e ignorante, a él los hubieras escogido, te doy gracias por tus noches y por los relámpagos, te doy gracias por todo porque todo es bueno.

Nosotros también podemos dar gracias porque me cuesta el trato con tal persona, por el problema familiar, porque me permites orar por los perseguidos de la Iglesia, como los de Uganda y el Congo. La palabra más hermosa es “gracias”.

¡De cuántas cosas tenemos que dar gracias! Por la comida, por la cena, el ajedrez, por la familia, por las amistades, y, sobre todo, por el Hijo de Dios.

La ingratitud es hija de la soberbia. No merecemos nada, no hay que ser quejumbrosos. Ojalá Dios nos encuentre hijos agradecidos. Hay un dicho latino que dice: Tempus fugit, el tiempo huye, amor manet, permanece el amor. La vida no es cíclica, se va. ¿Dónde está el imperio egipcio? ¿Dónde quedó el imperio romano? ¿Dónde está el imperio persa? Todo pasa. Lo que cuenta es hacer acopio de amor, de amor a Dios, a los demás, a la propia vocación, a la ecología, lo demás es accidental.

¿Amaste más este año? ¿Tengo una comunión mayor con Jesús? ¿Estoy en sintonía con Jesucristo? ¿Y, qué es el amor? El amor es poner atención. Ser atento con Dios y con los demás. ¿Aprovechaste el tiempo? ¿para qué? Para amar más. Oraba un converso “Gracias Señor por no rendirte conmigo”.

Otro dicho latino explica: Finis vitae non amoris, la vida se acaba, pero no el amor. El tiempo es breve, se va. Santa Margarita María Alacoque decía a sus hermanas: “Ayúdenme a pedir perdón a Dios por los instantes en que no supe amar”. “¡Qué corto es el tiempo para amar!”, decía San Josemaría.

A Dios le urgen las almas. Nosotros podemos ofrecer lo que nos cuesta y el trabajo por esa misma intención. Es impresionante que recordar que el que hizo las galaxias sabe mi nombre.

 
Imagen de Bruno en Pixabay


 

Por favor, síguenos y comparte: