Por P. Prisciliano Hernández Chávez, CORC.

La solemnidad de la Epifanía del Señor, -popularmente conocida como la Fiesta de los Santos Reyes Magos, posee un valor litúrgico y popular entrañables.

Los niños la esperan con particular entusiasmo por los regalos que habrán de recibir de los Reyes; regalos hechos llegar por sus colaboradores.

¡Cuánta alegría y algarabía de los pequeños sumados a sus padres y familiares! ¡Quién no recuerda estos días fascinantes con el diálogo obligado, ‘qué te trajeron los Santo Reyes!

Yo los recuerdo con cariño y porque fueron peregrinos siguiendo la Estrella para el encuentro con Jesús, el Rey de los judíos, los invoco cada vez que tomo el volante del automóvil.

Vale la pena desentrañar la solemnidad de la Epifanía del Señor, siguiendo la sencillez del relato de san Mateo (cf 2, 1-12) narrado con sus toques históricos, teológicos y simbólicos.

La Epifanía es la manifestación de Jesús como Mesías-Rey de Israel, Hijo de Dios y Salvador del Mundo a los Magos representantes de las religiones paganas de pueblo vecinos del Oriente; el Evangelio ve las primicias de las naciones que acogen por la Encarnación, la Buena Nueva de la Salvación. La Iglesia entiende con san Ireneo de Lyon, ‘lo no asumido, no es redimido’. La llegada de ellos a Jerusalén para ‘rendir homenaje al rey de los judíos’, muestra que buscan en Israel, la luz mesiánica de la Estrella de David ( cf Núm 24, 17; Ap 22, 16) al que será el Rey de las naciones (cf Núm, 24, 17-19). Su venida significa que los gentiles no pueden descubrir a Jesús y adorarle como Hijo de Dios y Salvador del mundo sino volviéndose hacia los judíos (cf Jn 4, 22). La Epifanía manifiesta que ‘la multitud de los gentiles entra en la familia de los Patriarcas’, como enseña san León Magno, en su Sermón 23; se cumple la promesa a Abrahán en el significado etimológico de su nombre, ‘padre de multitud de pueblos’, como lo confesamos en la Iglesia, Nuestro Padre en la fe (cf Cat Ig Cat 528).

Católico, expresión de san Ignacio de Antioquía, compendia en sí ‘según la totalidad’, bíblicamente judíos y gentiles.

Ante la pregunta de los Magos, podemos conocer tres respuestas: la de Herodes, de los sacerdotes y de los mismos Magos.

Herodes ante el proyecto de Dios y su proyecto personal, ha preferido el suyo, como sentencia san Agustín, ha preferido ‘el amor de sí según la ocasión puede llegar a alcanzar hasta el deprecio de Dios’. Está endiosado en sí mismo. Ha hecho opción por el poder y considera enemigo a cualquier rival, pequeño, e incluso sus familiares y esposas. Como nos recuerda Mons. Fulton Sheen: ‘Los totalitarios se complacen en decir que el cristianismo es enemigo del Estado, lo cual es una forma eufemística de decir que es enemigo suyo. Herodes fue el primer totalitario que se dio cuenta de esto; comprendió que Cristo era enemigo suyo antes de que hubiera cumplido dos años. ¿Era posible que un niño nacido bajo tierra, en una cueva, hiciera temblar a los poderosos y a los reyes? (…) Seguramente porque los que poseen el espíritu del mundo abrigan odio y celos instintivos contra Dios que reina sobre los corazones humanos’.

Los sacerdotes consultados por Herodes: conocen las Escrituras, citan al profeta Miqueas, de modo que es Belén donde tiene que nacer el Mesías. Son los doctos en las Escrituras y en las teologías, pero están instalados en sus posiciones y no buscan acercarse al Dios vivo, Jesús, nacido. No ponen en práctica la Palabra de Dios: ‘indican el camino, pero no mueven ni un dedo’, como recuerda san Agustín (Sermón 199, 1, 2).

Los Magos, se ponen en camino; viven más allá de las palabras con los hechos. Son coherentes con la Palabra de Dios. ‘Hemos visto su Estrella y venimos a adorarlo’, así como Abrahán se puso en camino sin saber a dónde iba (cf Heb 11,8). ‘Entraron en la casa, vieron al Niño con María su Madre y cayendo de rodillas lo adoraron’

El significado de postrarse de rodillas y adorar, -proskynesis, reconocen en este Niño su soberanía absoluta, reconocen su divinidad. Lo adoran, que es el homenaje que rendimos estrictamente a Dios; a María Santísima, no la adoramos, sino le ofrecemos la gran veneración, -hiperdulía y a los santos, dulía, simplemente veneración.

A Jesús lo podemos adorar ahora realmente en la Santa Eucaristía, porque está presente con su cuerpo, con su alma y con su divinidad.

La palabra ‘Mago’, según el análisis erudito de Martín Descalzo, no era palabra de origen semítico, sino ario. De la raíz, ‘mag’ del cual procede el vocablo griego ‘megas’ y el latino ‘ ‘magnus’, y el sánscrito ‘maha’, el persa ‘magh’, cuyo significado es ‘grande’, ‘lustre’; los Magos serían de una casta sacerdotal respetada, cuya ocupación eran las ciencias naturales, la medicina, la astrología y el culto religioso (cf Vida y Misterio de Jesús de Nazaret, pág 156).

Finalmente, con el mismo san Agustín, ‘nos falta a nosotros testimoniarlo, volviendo a emprender una nueva vida, volviendo por camino distinto por el que hemos venido’ (Sermón, 202, 3,4).

 
Imagen de falco en Pixabay


 

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