Por José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

Domingo III del tiempo ordinario – ciclo A

Reflexión homilética 25 de enero de 2026

En este tercer domingo del tiempo ordinario se nos habla de muchas cosas, pero en medio de todo, es Jesús mismo el que brilla como una luz para todos los hombres.

Isaías

El profeta nos habla de cómo el pueblo de Israel, en medio de las tinieblas, ha visto una gran luz. Esta luz es la esperanza en el Mesías que va a traer la alegría y el gozo para el pueblo que ha estado bajo la opresión y va a volver a la libertad verdadera gracias al futuro Mesías:

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande. Habitaban tierras de sombras y una luz les brilló».

Salmo 26

Define a Dios como luz, y siempre la luz auténtica va unida a la libertad que trae la salvación.

El Señor mismo es la luz y salvación de Israel y como tal se convierte en la defensa de un pueblo que ha puesto su confianza en el Señor.

Por eso, el salmista pide una cosa al Señor: «Habitar en la casa del Señor por los días de mi vida y gozar de la dulzura del Señor por años contemplando su templo», la casa de Dios.

San Pablo

Habla de un momento difícil que trae la división entre los cristianos y valientemente aboga por la unidad: «En nombre de nuestro Señor Jesucristo poneos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir».

Esta Carta a los corintios parece escrita en este momento en que muchos cristianos andamos divididos por distintas ideologías y parece que San Pablo nos pregunta también a nosotros:

«¿Está dividido Cristo?».

Incluso, la siguiente pregunta es muy concreta para este momento:

«¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros? ¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo?».

San Pablo advierte claramente, en medio de las divisiones, que él únicamente ha pretendido anunciar el Evangelio y no ha venido a bautizar en nombre de él sino en nombre de Cristo.

Verso aleluyático

Se centra en el apostolado de Jesús que hacía milagros y predicaba continuamente con la finalidad de que el Evangelio del reino llegue a todas partes, y aprovechaba las curaciones con el fin de extender el reino de Dios por toda la tierra:

«Proclamaba el Evangelio del reino curando las dolencias del pueblo».

Evangelio

Nos presenta a Jesús junto al lago «pescando pescadores».

En este día, de una manera especial, Jesús va juntando a los que han de ser la Iglesia primera.

En primer lugar, llamó a Pedro y a su hermano Andrés, diciendo: «Venid y seguidme, os haré pescadores de hombres».

Esta es la transformación que Jesús quiere en los suyos: evangelizar para convertirlos y que entren en el reino de Dios.

Más tarde, junto al mismo lago, se encuentra a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, que también estaban pescando y Jesús los llamó para que le siguieran y se convirtieran, como los otros dos, en los primeros que entraron a conformar la Iglesia que Él fundó.

Son muchas las conclusiones que debemos tener en cuenta en este día.

Ante todo, que Jesús es la luz de las naciones.

Que no debemos dividirnos por ideologías y falta de caridad entre nosotros.

Finalmente, estar seguros de que por el bautismo Jesús nos llama a todos a evangelizar.

 
Imagen de Jill Wellington en Pixabay


 

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