Por Felipe Monroy – VC Noticias

El papa León XIV inauguró este 7 de enero el primer consistorio extraordinario de su pontificado con la casi totalidad del colegio cardenalicio, unos 170 purpurados, en un evento que marcará la agenda de la Iglesia en los próximos años.

El pontífice, en su discurso de apertura ante los cardenales, estableció la sinodalidad como eje central del encuentro y de su pontificado: “Estoy aquí para escuchar”, afirmó y subrayó que el objetivo del encuentro no es “llegar a un texto, sino mantener una conversación” que ayude en su servicio a la misión global de la Iglesia.

Durante una jornada y media de trabajo, los cardenales, divididos en 20 grupos lingüísticos, debatirán en torno a cuatro grandes temas propuestos: la misión a la luz de la Evangelii Gaudium, la reforma curial con la Praedicate Evangelium, la sinodalidad como estilo de gobierno y la liturgia.

Por razones de tiempo, los purpurados votaron y seleccionaron “por mayoría absoluta” solo dos ejes para un análisis profundo: Sinodo y sinodalidad y Evangelización y misión. La liturgia y la reforma curial, aunque no elegidas para el debate extenso, seguirán en la agenda según la Santa Sede.

El Papa definió este encuentro como “un momento de comunión y de fraternidad” y una “prefiguración del camino futuro”. En su intervención, recuperó el magisterio de sus predecesores y lanzó una idea fuerza: “La unidad atrae, la división dispersa”.

Para León XIV, este principio de unidad no es solo teológico, sino que “parece confirmarlo también la física, tanto en el micro como en el macrocosmos”. El camino de la sinodalidad, añadió, es precisamente “el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”.

La metodología de trabajo replicó el estilo sinodal de las asambleas de 2023 y 2024: diálogo en mesas circulares, intervenciones breves y escucha recíproca. El Papa citó el lema “Non multa sed multum” (no mucho, sino lo mucho) para pedir a los purpurados concisión y profundidad.

También explicó que, para garantizar perspectivas diversas, solo los informes de los 9 grupos de cardenales provenientes de Iglesias locales se presentarían en sesión plenaria, ya que a él le “resulta más fácil pedir consejo” a los miembros de la Curia con los que convive en Roma.

Una parte central de su discurso se dedicó a la teología de la “atracción”, concepto heredado de Benedicto XVI y Francisco. “La Iglesia no hace proselitismo. Se desarrolla más bien por atracción”, recordó. Y matizó: “No es la Iglesia la que atrae, sino Cristo”. La tarea de la comunidad creyente, por tanto, es ser canal de esa fuerza. “Si un cristiano o una comunidad eclesial atrae, es porque a través de ese ‘canal’ llega la savia vital de la caridad que brota del Corazón del Salvador”, afirmó.

‘Entremos en la barca de Pedro’ exhorta cardenal Radcliffe 

El encuentro de cardenales contó con una meditación inicial del cardenal dominico Timothy Radcliffe, designado por el Papa para orientar la reflexión.

Radcliffe pintó un panorama de “tormentas terribles” tanto en el mundo —con guerras, desigualdad creciente e incertidumbre por la Inteligencia Artificial— como dentro de la Iglesia, sacudida por “abusos sexuales y división ideológica”. Frente a esto, instó a los cardenales a “estar en la barca de Pedro” y advirtió: “Si la barca de Pedro se llena de discípulos que discuten, no serviremos de nada al Santo Padre”. La clave, según él, es la paz y el amor en el disenso.

Al concluir la primera jornada, el Papa agradeció a los cardenales y les manifestó: “Siento la necesidad de contar con ustedes”. Remarcó que el valor del Consistorio no está en un documento final, sino en el proceso mismo.

“También del modo con que aprendemos a trabajar juntos, con fraternidad y sincera amistad, puede comenzar algo nuevo, que pone en juego presente y futuro”, concluyó, invitando a guardar reserva sobre las discusiones internas para garantizar libertad de expresión.

Los trabajos continuarán el 8 de enero con una misa en la Basílica de San Pedro y nuevas sesiones de debate. Este Consistorio, el primero del pontificado de León XIV tras ocho meses de su elección, busca sentar las bases de un estilo de gobierno colegial y sinodal, en un contexto eclesial y mundial marcado por fuertes desafíos.

 


 

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