Fidelidad hasta el martirio
Por El Observador Redacción
El 9 de enero la Diócesis de Celaya vivió un momento histórico al realizar el acto solemne de Apertura Oficial de la Causa de la Beatificación y Canonización de los Siervos de Dios, José Eusebio y José Marcelino Sierra Vera (Los hermanos Sierra), compañeros de martirio del beato Fray Elías del Socorro Nieves durante la Guerra Cristera, resistencia que se encamina a su primer centenario.
El pueblo de Cañada de Caracheo (Cortazar, Guanajuato), lugar de origen de los tres mártires, fue elegido por las autoridades eclesiásticas para presentar al postulador de la causa, el sacerdote agustino Josef Sciberras, y al Tribunal para la instrucción de la misma.
La celebración comenzó con un recorrido a pie que incluyó los lugares del martirio del padre Nieves y de los hermanos Sierra, para después terminar en el Santuario del Padre Nieves con la santa Eucaristía.
“Este es un año especial para empezar bajo la protección de los beatos padre Nieves y J. Trinidad Rangel. Nos recuerdan que hay muchos laicos comprometidos con su fe y su Iglesia, hasta dar la vida. Caminen siempre con sus sacerdotes. No sacerdotes sin sus laicos, ni laicos sin sus sacerdotes. Eso es la sinodalidad”, dijo Mons. J. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, obispo de la Diócesis de Celaya, durante la homilía.
Y agregó, “desde nuestro bautismo Dios nos llama a la santidad de la vida: en la familia, en el campo, en la ciudad, siendo hermanos, padres, hijos. Caminemos juntos hacia la santidad”.
Resaltó que este debe ser un momento de memoria agradecida por aquellos cristianos, porque “la memoria de nuestros mártires no nos permite ser indiferentes ni callar ante las injusticias”.
El inicio del proceso
En Noviembre 2025, Mons. J. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, emitió un edicto, en el cual se informó que fue recibida oficialmente la solicitud para iniciar el proceso de Beatificación y Canonización de los Siervos de Dios: J. Eusebio Arnulfo de Jesús Sierra Vera y José Marcelino Anastacio de los Dolores Sierra Vera, por parte de la Postulación a cargo del Rvdo. Fray Josef Sciberras OSA, de origen Maltés.
El documento, con fecha del 17 de noviembre del 2025, destaca que los dos Siervos de Dios, asesinados el 10 de marzo de 1928 junto con el Beato mártir Elías del Socorro Nieves, “manifestaron una fidelidad al Evangelio al dar la vida, negándose a someterse a los perseguidores de la Iglesia durante los tiempos turbulentos de la resistencia cristera. Su testimonio, unido al del Beato Elías Nieves, constituye un continuo llamado a la vocación de los discípulos de Cristo, quien entregó su vida para la salvación del mundo en sumisión a la voluntad del Padre. Desde el inicio, ambos Siervos de Dios han gozado de fama de martirio”.
También, en el edicto se invita a los fieles a comunicar directamente toda noticia o información de la que puedan inferirse, de algún modo, elementos favorables o contrarios a la fama de martirio de dichos Siervos de Dios, o a hacer llegar la información al Tribunal ad casum (Manuel Doblado 110, zona centro C. P. 38000, Celaya, Guanajuato, México) conformado por el Pbro. Lic. Martín Álvarez Torres, notario; Pbro. Lic. Carlos Ernesto Aguilar Fuentes, notario adjunto; Pbro. Lic. José Luis Solís Rincón, delegado episcopal; y Pbro. Lic. José Natanael Torres García, promotor de la fe.
El postulador de la causa
Fray Josef Sciberras OSA fue designado por la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores de Cañada de Caracheo, como el postulador ad casum que tiene la responsabilidad de seguir la causa frente a las autoridades eclesiásticas durante la fase diocesana.
Fray Josef nació en Malta en 1975. En 1992 ingresó en la comunidad agustina, donde, tras el año de noviciado, hizo su primera profesión de votos religiosos.
En 1999 hizo su solemne profesión y recibió la ordenación sacerdotal en el Jubileo del año 2000.
Ha ocupado diversos cargos en la Provincia Agustiniana de Malta: Prior del Convento de Rabat y Maestro de la Formación de Candidatos para la Vida Religiosa Agustina, Secretario Provincial y Archivero, Delegado Provincial para el Patrimonio Cultural Agustino, responsable de la traducción de la liturgia agustiniana al idioma maltés.
Tras sus estudios filosóficos y teológicos en la Universidad de Malta, en 1999 fue enviado a continuar sus estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma para especializarse en historia de la Iglesia. También estudió en la Scuola Archivistica Vaticana.
En 2011 fue nombrado coeditor de la revista histórica internacional Analecta Augustiniana.
En 2012, el Prior General de la Orden Agustiniana lo nombró Postulador General para las causas de los santos de la familia agustina.
En 2015 también fue nombrado secretario del Institutum Historicum Augustinianum. Actualmente forma parte de la comunidad de la Curia General de la Orden de San Agustín en Roma.
Entre las causas que lidera actualmente se encuentran las de los Siervos de Dios Enrique e Inez Casolani, laicos y terciarios agustinos, y la de los Siervos de Dios José de Jesús y J. Dolores Sierra Vera, de la Diócesis de Celaya, que está comenzando el proceso en la fase diocesana con la ayuda del Tribunal encabezado por el Pbro. Adolfo Manzano León, donde se están recopilando las pruebas necesarias para enviarlas a Roma para el estudio de la Congregación para las Causas de los Santos.
El proceso se encuentra en la etapa inicial de recolección de pruebas de fama de santidad, buscando que la Iglesia reconozca formalmente lo que el pueblo de Cortazar ha venerado por casi un siglo. Los restos de los hermanos han sido objeto de especial cuidado y memoria, existiendo apenas un par de fotografías que documentan sus rostros, las cuales hoy son piezas clave en la reconstrucción de su vida y virtudes para el tribunal eclesiástico.
¿Quiénes eran los hermanos Sierra?
Hijos del Sr. Pablo Sierra y la Sra. Ma. Refugio Vera quienes contrajeron matrimonio canónico el día 6 de febrero de 1889, en la vicaría fija del Jaral, perteneciente al curato de Yuriria, ahora Parroquia de San Nicolás de Tolentino en Jaral del Progreso, de la Diócesis de Irapuato, Gto. México.
De sus padres aprendieron el valor especial por el trabajo, la familia y del Orden Sacerdotal, los ministros de Dios, como era costumbre de ellos referirse a los sacerdotes.
Poco se sabe de la niñez y adolescencia, de estos valientes cristianos. Pocos recuerdos quedaron registrados en la memoria de quienes los conocieron, pues la atención en ellos fue prácticamente a partir de que fueron aprehendidos junto con Fray Elías del Socorro Nieves, O.S.A.
Eusebio Arnulfo de Jesús
Un líder de familia José de Jesús Sierra Vera, nació el día 13 de agosto de 1894, bautizado a los tres días de nacido por Fray Agustín H. Ballestero, O.S.A, el 16 de agosto, en el templo de Nuestra Señora de los Dolores, Vicaría Fija de Cañada de Caracheo, hoy parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, de la Diócesis de Celaya, Gto. México. Se le dio por nombre J. Eusebio Arnulfo de Jesús y sus padrinos fueron J. Jesús Martínez y Rafaela Rodríguez. Fue el tercero de diez hijos. A temprana edad, costumbre de muchos campesinos de esa época, contrajo matrimonio canónico con Francisca Quevedo Ramírez, el día 2 de febrero de 1910,3 en el mismo templo donde fue bautizado. De este matrimonio nacieron diez hijos.
Fue de carácter fuerte y líder nato, razón por la cual asume la responsabilidad de sacar adelante el trabajo del rancho cuando quedan huérfanos.
José Marcelino Anastacio: Entre la prueba y la fe
- Dolores Sierra Vera, nació el día 25 de abril de 1897, bautizado a los dos días de nacido, por Fray Agustín H. Ballestero, O.S.A, el 27 de abril, se le dio por nombre José Marcelino Anastacio de los Dolores, en la misma vicaría donde fue bautizado su hermano, Cañada de Caracheo.
Fue el cuarto hijo de diez, siete hombres y tres mujeres, se distinguió desde pequeño por su amabilidad, bondad y cariño, había un afecto especial de sus padres hacia él.
- Dolores contrajo matrimonio el día 25 de junio de 1916 con María Martínez, asistió el matrimonio Fray Ildefonso Ortega, O.S.A., Vicario Fijo de Cañada de Caracheo.
De este joven matrimonio nació un niño en enero de 1917, a quien solamente lograron bautizar, y no superó su condición de sietemesino, le fue difícil sobrevivir y para los padres un periodo complicado de enfrentar.
En este mismo año 1917, J. Dolores recibe otro golpe fuerte, pues muere su esposa a consecuencia de la influenza española, (peste o fiebres) que casi paralizó el país. El impacto de esta pandemia fue devastador.
En esta época nuestra patria sufría una lamentable crisis económica y social por el paso de la Revolución Mexicana a la cual se sumaron muchas personas de ambiente rural, y sumió al pueblo en grandes hambrunas.
A mediados de 1918 J. Dolores se alistó en el primer programa de trabajadores invitados temporalmente en Estados Unidos. Se desconoce cuándo fue su regreso.
El 17 de mayo de 1921, contrajo segundas nupcias con Ma. Rebeca Teresa Martínez Martínez.
El encuentro con el Padre Nieves
En este año comienza a visualizarse lo que Dios estaba forjando en estos hermanos, lo inesperado, lo impredecible, aquello que solamente Dios sabe que tiene preparado para sus hijos.
El 2 de diciembre de este año 1921, es asignado Fray Elías del Socorro Nieves a la Vicaría Fija de Cañada de Caracheo, tomó posesión hasta el día 6 del mismo mes y año, algo así como una cuasiparroquia, con encargo y jurisdicción como si se tratara de una parroquia.
Era necesario ir puerta por puerta, de las casas de todas las comunidades, esto facilitó que pronto conociera a todos sus fieles. En este contexto conoció a la familia Sierra Vera, con la cual fue haciendo amistad.
Los hermanos Sierra estaban muy al pendiente de las necesidades del Religioso, desde antes que estuviera en el refugio de la montaña. Otras tantas veces lo hospedaban en su casa y le atendían con gran solicitud y cariño. Podía decirse que aquel cristiano hogar era la Betania del Padre Nieves.
Tiempos de persecución: La prueba de la fidelidad
El 1 de diciembre de 1924 Plutarco Elías Calles, asumió la presidencia de México y puso como principio de acción en su estrategia política un odio personal a la iglesia católica, visualizado desde su campaña presidencial pues afirmó claramente que “la casta sacerdotal” era la causa fundamental de la degeneración de México.
Los hermanos Sierra no desconocían el peligro que corría su amigo Fray Elías del Socorro, con quien compartían la sagrada Eucaristía, los alimentos y de largas charlas en su casa, que desde los primeros días del mes de agosto de 1926 había decidido refugiarse en un lugar seguro que le permitiera estar resguardado del peligro de ser aprehendido y a su vez atender a su comunidad.
El religioso, como buen pastor, los fue moldeando en el amor a Cristo y a su Iglesia, con su ejemplo de vida y con la palabra. Es laudable recordar, cuando instruía a los fieles sobre la actitud que debían tomar en caso de que fuera detenido, “ustedes no vayan a meterse para defenderme, Dios sabrá”. Poco a poco los hermanos Sierra fueron adquiriendo la actitud martirial del Fraile.
El arresto y la negativa a claudicar
El 9 de marzo de 1927 fue descubierto. El Mayor Rodríguez echó una ojeada a aquel ranchero con camisa y calzones blancos de faena, con un gabán sobre los hombros, a rayas negras y grecas, pero que asomaba el filo de otros pantalones negros por debajo, además usaba lentes, bastante inusual en los rancheros. Con energía el Mayor le espetó: “Usted es cura”. El Fraile se vio descubierto, pero no lo negó, al contrario, inmediatamente lo reconoció sin vacilación, con paz y serenidad: “Si, soy sacerdote”. “Pues dese por preso”, le conminó el Mayor Rodríguez.
La tropa llegó a casa de José de Jesús y J. Dolores con el P Elías. El Mayor pidió a José de Jesús, a su esposa y a J. Dolores que juraran bandera. Hacerlo era renegar de Dios y de la Iglesia, por lo tanto, no aceptaron. Enseguida el mayor les dijo: “dense por presos”.
- Dolores rápidamente metió su mano al calzón de manta y sacó una bolsita con monedas de oro y la arrojó a las manos de su esposa al tiempo que decía: “para que tengan con que vivir un tiempo”.
Ya no hubo tiempo para más, a los hermanos Sierra les ataron las manos por detrás de la espalda. Tal como llevaban al Fraile. Alistada la brigada, con los tres detenidos, se inicia la marcha hacia Cañada de Caracheo.
A las cinco de la tarde llegaron a la Cañada, quienes los vieron, notaron en los tres prisioneros serenidad en sus rostros, Don Toribio Martínez Ríos vecino principal del pueblo, se acerca al Capitán y le ofreció su casa en atención al sacerdote.
El sacrificio voluntario: “No podemos dejarlo solo”
Durante una discusión entre los soldados, el padre Nieves aprovechó para decirles en voz baja a los hermanos Sierra que se escaparan pues era la oportunidad y lo dejaran a él solo, ya que ellos hacían falta a sus familias. Ellos respondieron con firmeza, dando un ejemplo de cristiana fidelidad: “No padre, no podemos dejarlo solo. Si nosotros hacemos falta a nuestras familias, mucho más usted que es el Padre Espiritual de tantas familias”.
Por la mañana del 10 de marzo el padre suplicó al capitán que dejara libre a los hermanos, él favoreció la súplica, y el padre dijo a los Sierra que se fueran. Pero se repitió la misma actitud de fidelidad, pues José de Jesús expresó con firmeza: “No padre, nosotros estaremos con usted hasta el final. ¡A donde vaya usted, nosotros iremos! Si le dan libertad, nos iremos”.
- Dolores, dirigiéndose al capitán propuso: Acepte nuestra vida por la del padre. El capitán no respondió, nada más hizo un gesto de desdén.
El camino al martirio en Las Fuentes
Eran las diez de la mañana, cuando empezó a moverse la tropa, llevando al religioso en el centro, ahora en el caballo güero de los Sierra y estos a pie, J. Dolores descalzo.
Francisca Quevedo, esposa de José de Jesús, los vio pasar por el rancho del Huizache lugar donde había pernoctado. Imposible acercarse para consolar o animar a su marido y a su cuñado, pondría en riesgo a sus pequeños hijos que la acompañaban.
Por el medio día llegaron a la hacienda de Las Fuentes, para reposar un rato entre las ruinas de un caserío, en este lugar el capitán Márquez estaba enfurecido y mandó traer a Toribio para ver si le iba a dar el dinero ofrecido en la Cañada, pero por indicación del padre, Toribio le dijo que ya no podía conseguirlo.
Márquez no paraba de injuriar a sus tres prisioneros, terminó comunicándoles abiertamente que iban a ser fusilados, primero los Sierra.
Al saber de su fusilamiento, José de Jesús y J. Dolores solicitaron la anuencia del capitán para que el padre los confesara. El capitán asintió con un movimiento de cabeza. El Padre se dispuso a confesar a aquellos fieles cristianos, que deseaban tener abiertas las puertas del cielo. Después de recibir la absolución, J. Dolores piadosamente le dijo: “Padre lo esperamos en el cielo”.
La ejecución: “¡Viva Cristo Rey!”
Fortalecidas sus almas con la gracia sacramental, fueron sacados para fusilarlos. Estando en el lugar de la ejecución, el padre les da la bendición y los anima a vivir su fe con alegría y esperanza diciéndoles: ¡Pronto nos veremos en el cielo!
El capitán los puso de espaldas a la pared y les ordenó que se pusieran de rodillas delante de él. Era evidente la afrenta a aquellos fieles cristianos en su fe, por lo cual José de Jesús respondió: “solo delante de Dios y de sus ministros nos arrodillamos”. Con rabia, por la inquebrantable fe que mostraban, un soldado se abalanzó a José de Jesús y con la culata de la carabina le golpeó las piernas hasta quebrárselas, y otro le dio un balazo en el abdomen, tratando de hacerlo que se arrodillara. Lloviendo enseguida el fuego de los demás fusiles, aquellas detonaciones ahogaron el grito de la víctima: “¡Viva Cristo Rey!
- Dolores, no resiste ver la crueldad con la que era tratado su hermano y se desplomó, este colapso pudo ser un simple desmayo o un problema cardiaco por la tensión psicológica que estaba pasando, no lo sabemos. Lo que siguió, si lo sabemos perfectamente, a los dos les dieron el tiro de gracia.
Reposo final y memoria histórica
Durante cinco horas los tres cuerpos permanecieron donde los habían ejecutado, hasta que llegaron a las ocho de la noche, Don Nicolás, Andrés, Francisco Arnulfo Malagón y otros señores que los acompañaban, procedieron, con el permiso oficial que llevaban, a levantar primero al sacerdote y más adelante a los hermanos Sierra, llevados a la hacienda de Las Fuentes de donde salieron entre las doce y una de la mañana, ya del día 11 de marzo, a la casa de don Ignacio Martínez y de Carmen
Martínez, suegros de J. Dolores, ubicada en la Cañada de Caracheo.
Este mismo día, domingo 11 de marzo de 1928, se les dio cristiana sepultura en el panteón civil de esta comunidad, fueron sepultados en la misma tumba, colocados los ataúdes de forma horizontal uno sobre el otro quedando en la parte superior el ataúd que contenía el cuerpo del Fraile.
El 18 de noviembre de 1935 se exhumó el cuerpo de Fray Elías del Socorro Nieves para ser reinhumado en el templo de nuestra Señora de los Dolores, en Cañada de Caracheo, aunque en el acta de esta exhumación no está asentado que los cuerpos de J. Dolores y José Jesús hayan sido trasladados al templo, sin embargo, Fray Nicolás Navarrete, notario eclesiástico para dicho acto, da testimonio en su libro Viacrucis de un Agustino que fueron depositados ese mismo día al lado de la epístola en dicho templo.
Con información de Periódico Redes y Codipac Celaya.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 18 de enero de 2026 No. 1593





