El pasado 9 de febrero, el Instituto de Catequistas de María Santísima conmemoró el 150 aniversario del nacimiento de su fundadora, la Sierva de Dios María Eugenia González Lafon. La celebración fue un acto de memoria viva para recordar a una mujer cuya existencia se definió por una serie de virtudes: una fe firme, una esperanza capaz de sostenerse “contra toda esperanza” y una fortaleza inquebrantable que la llevó a ser dócil al magisterio y presta al llamado divino.
El origen de una vocación
La historia de esta mujer, cuya causa de canonización avanza firme en Roma, comenzó en el norte de México. El 9 de febrero de 1876, el hogar formado por Don Mariano González Treviño y Doña María Eufrosina Lafon se iluminó con la llegada de su primogénita. Bautizada un mes después, el 8 de marzo, en la Parroquia del Sagrario de Chihuahua, la pequeña Eugenia dejó constancia en sus escritos de una madurez espiritual temprana y una autocrítica sorprendente.
Años más tarde, con la lucidez de quien busca la perfección cristiana, Eugenia recordaría su bautismo no con la nostalgia de la fiesta, sino con el rigor de la fe. Criticaba, con humildad, los privilegios de su clase social: le dolía que hubieran “tibiado” el agua para su comodidad, que la ceremonia se realizara en su casa privándola —a su parecer— del derecho de entrar en la Iglesia como cualquier otro fiel, y que los compromisos sociales hubieran retrasado un mes el sacramento, postergando la gracia del Espíritu Santo. Estos apuntes revelan a una mujer que, desde la juventud, rechazaba la “categoría” en favor de la universalidad del Evangelio.
Su formación
La formación de la Madre Eugenia no fue solo espiritual, sino profundamente intelectual y artística. Bajo la tutela del célebre paisajista José María Velasco, desarrolló una sensibilidad estética que plasmó en la pintura. Además, su intelecto la llevó a dominar el francés y el latín, y a adentrarse en los misterios de la ciencia médica a través de la homeopatía.
Sin embargo, su verdadera pasión era la enseñanza. Eugenia de la Santísima Trinidad González Lafon —nombre que adoptó al tomar el hábito en 1923— se convirtió en un faro de resistencia espiritual.
Su legado pedagógico es vasto. No solo fundó una congregación, sino que estructuró el pensamiento cristiano. Escribió, modificó y adaptó cinco catecismos: Catecismo de Liturgia: curso elemental y curso medio; Catecismo de la Eucaristía: curso medio; Catecismo de la Parroquia: curso elemental y curso medio; Catecismo de la Diócesis: curso elemental y curso superior; Catecismo de Ripalda que lo adaptó en tres cursos: curso elemental, curso medio y curso superior.
El camino a los altares
La Madre Eugenia partió a la casa del Padre el 22 de octubre de 1962, dejando una congregación con 14 religiosas de votos perpetuos, 12 de votos temporales, tres postulantes y una estructura sólida que hoy, décadas después, busca su reconocimiento universal por la Iglesia Católica.
El proceso hacia la santidad comenzó en el 2016, cuando las hermanas Catequistas promovieron la apertura de la Causa de Beatificación y Canonización. Tras concluir la etapa diocesana en Querétaro en 2022, el proceso se trasladó a Roma. El 9 de abril de 2025 marcó un hito con el nombramiento de Monseñor Melchor José de la Toca y Alameda como Postulador Romano, acompañado por la Hermana Amalia Guzmán Lezama como vice postuladora.
Actualmente, el proceso se encuentra en la fase de la elaboración de la Positio. Este documento es un estudio exhaustivo que debe demostrar que la Madre Eugenia vivió las virtudes cristianas de manera heroica. Una vez analizada por ocho teólogos consultores y aprobada por la asamblea de cardenales de la Congregación para la Causa de los Santos, la causa llegará a manos del Santo Padre.
Si el Papa emite el Decreto de Heroicidad de Virtudes, la “Sierva de Dios” recibirá el título de “Venerable”, el último peldaño antes de la beatificación, para la cual se requerirá la confirmación de un milagro obrado por su intercesión.
Una celebración doble
El próximo 8 de marzo de 2026, la comunidad no solo celebrará el 150 aniversario del bautismo de María Eugenia González Lafon, sino también una década del inicio formal de su camino a los altares. Sus restos, que desde 1989 descansan en la capilla de la Casa Central en Querétaro, siguen siendo un punto de encuentro para aquellos que ven en su vida un modelo de rectitud, amor al prójimo y, sobre todo, una pedagogía del amor divino.
La vida de la Madre Eugenia nos recuerda que la santidad no es un evento aislado, sino una construcción diaria de valores que se transforman en virtudes heroicas. Un siglo y medio después de su nacimiento, su voz sigue resonando a través de las hermanas que continúan su misión de llevar a las almas al encuentro con el Creador.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 22 de febrero de 2026 No. 1598





